May 25 2012

Crear un hotspot Wi-Fi desde la línea de comandos de Windows 7

Gabolonte Blasfemus

MiFi, módem 3G + router WiFiHoy en día está muy expandida la idea de poder compartir inalámbricamente cualquier conexión a Internet de la que dispongamos, generalmente enlaces de datos de telefonía celular. La mayoría de los smartphones decentes tienen la capacidad de hacerlo nativamente o mediante algun hack y/o aplicación (lo que se le llama tethering), y de hecho ya son bastante comunes las “cajitas para compartir Internet” conocidas como MiFi, que no son más que un modem 3G asociado a un router WiFi, todo integrado en un solo gadget del tamaño de un estuche de anteojos, de manera que facilite tener un enlace móvil para dispositivos que también lo son, como notebooks, netbooks, smartphones, tablets o lo que se nos ocurra. ¡Si hasta ya son comunes los autos con WiFi!

Pero lo más probable es que no tengamos un auto que comparte Internet, ni aún justifiquemos la compra de un MiFi, pero que sí tengamos un modem 3G o 4G USB que usemos en nuestra PC o notebook, y a través del cual algunas veces nos gustaría poder compartir la conexión, inalámbricamente, con otros aparatos. Hace un buen tiempo vimos como una aplicación llamada Connectify nos permitía conseguir exactamente esto, utilizando capacidades propias de Windows 7. Lo que me enteré hace poco, despistado de mí, es que esto mismo podemos lograrlo desde la misma línea de comandos de Windows 7, sin necesidad de descargar e instalar aplicación alguna.

Continue reading


Oct 21 2011

Geolocalización falsa en Android con Fake GPS

Gabolonte Blasfemus

Vivir con un smartphone moderno en la actualidad es lo más parecido a cargar un rastreador de puro gusto, con la excepción que en vez de seguir nuestros pasos un detective privado contratado por nuestra esposa lo hacen en realidad numerosas compañías para quienes conocer qué hacemos y a dónde vamos reviste información valiosísima en términos de comportamiento del consumidor y marketing dirigido; sin contar con que las fuerzas de seguridad de la gran potencia del norte puede acceder a toda esta información con solo desearlo. La situación se agrava considerando que los smartphones actuales están intencionalmente diseñados para que cualquier aplicación pueda geolocalizarnos cada vez que lo quiera, aunque no la hayamos usado en semanas, convirtiéndolos en verdaderos y efectivos rastreadores personales. Pero este lado profundamente negativo siempre se minimiza en comparación a sus anunciadas ventajas: Podemos saber en dónde sacamos nuestras fotos o dijimos algo, y mostrárselo a nuestros amigos y seguidores; cuando hagamos búsquedas se nos mostrarán automáticamente resultados relevantes a la zona en la que nos encontremos, e incluso podemos intentar localizar nuestro equipo en caso de robo o extravío, entre otras tantas cosas.

Ahora bien, ya sea porque estemos planeando el crimen perfecto, deseemos asegurarnos de que no exista manera posible de que nuestra pareja sepa en dónde estuvimos esa noche, o simplemente porque como seres humanos con dignidad y orgullo propio consideramos en todo nuestro derecho manejar la información de nuestra ubicación geográfica como mejor nos plazca, es posible que existan muchos momentos en los que no estemos dispuestos a gritar a los cuatro vientos cibernéticos en dónde nos encontramos. Para eso lo más fácil es simplemente deshabilitar la geolocalización en nuestro teléfono, algo que al menos en Android es posible. De esta forma, ninguna aplicación será capaz de obtener información sobre la ubicación geográfica del equipo, que puede extraerse a través del GPS, las torres de telefonía celular o las redes Wi-Fi cercanas.

Pero a veces esto no es suficiente. No nos alcanza con simplemente callar a nuestro smartphone justo en el momento en que no deseamos que se sepa nuestra ubicación si el resto del tiempo la estamos divulgando constantemente; llama más la atención que no haberla ocultado en un primer lugar. También es posible que sí deseemos anunciar nuestra ubicación, pero que no sea exactamente aquella en la que físicamente nos encontremos. Puedo imaginarme a más de un aspirante a experto en social-humo-media local que desearía escribir todo su contenido geolocalizado desde Palermo, pero suele andar por lugares como Lomas de Zamora. En todos estos casos se hace sumamente útil e interesante conseguir engañar a nuestro smartphone para que divulgue que estamos en donde quisiéramos decir que estamos, pero no en dónde realmente nos encontramos.

Tanto en iOS como Android existen aplicaciones que se encargan de conseguir esta tarea; en el primero existe el inconveniente de que es necesario hacerle el famoso jailbreak al dispositivo ya que en caso contrario las restricciones de fábrica del sistema lo impiden completamente. En el caso de Android, satisfactoriamente, ni siquiera hace falta rootear el equipo, sólo es necesario activar la opción Ubicaciones de prueba yendo desde la home a Menú/Aplicaciones/Desarrollo.

De las aplicaciones disponibles a tal efecto en el Android Market probablemente una de las mejores sea Fake GPS, ya que es efectiva, simple de utilizar, no demanda permisos incoherentes, y es totalmente gratuita, aunque también se puede encontrar una versión de donación, que no reviste ninguna diferencia en funcionalidad con la versión gratuita y cuyo único propósito es permitir una forma rápida de realizar donaciones a su creador para continuar con su desarrollo.

Usar Fake GPS es sumamente fácil, aunque necesitaremos contar con conexión a Internet para tal efecto. Ni bien se carga nos mostrará el típico mapa de Google Maps, desde donde podremos desplazarnos hasta el lugar deseado. Una vez hecho esto simplemente ubicamos el indicador en el lugar exacto en donde queremos aparecer y luego presionamos el botón Set location; de esta forma nuestro Android permanecerá enviando las coordenadas geográficas elegidas a toda aplicación que las solicite. Posiblemente una de las mejores funciones extra que contiene es la capacidad de almacenar ubicaciones favoritas para uso frecuente, tantas como necesitemos.

Mientras Fake GPS se encuentre activa nos mostrará un icono en la barra de notificaciones para recordárnoslo. Una vez que ya no la necesitemos, simplemente regresamos a la aplicación y presionamos el botón Stop.

Para asegurarse que esta útil aplicación funcione como se debe hay que tener en cuenta sin embargo un par de precauciones. Como ya dijimos antes, es imprescindible activar la creación de ubicaciones de prueba, pero además es recomendable desactivar la opción que utiliza a las redes inalámbricas para detectar la ubicación, más precisamente en Menú/Ubicación y seguridad/Usar redes inalámbricas.

Ahora bien, más allá de lo divertido y tentador que pueda resultar aprovecharse de una función semejante, es sumamente recomendable utilizarla con precaución. En primer lugar debemos tener en cuenta que mientras una aplicación como Fake GPS se encuentre activa estableciendo unas coordenadas geográficas que no son reales, todas las aplicaciones se verán engañadas, y eso incluye a cualquier aplicación anti-robo que nos ayude a localizar el equipo en caso de pérdida, por lo que es recomendable activarlo únicamente en situaciones en las que estamos seguros de que no corremos peligro alguno de extravío o hurto, como por ejemplo en nuestro hogar. También es importante tener en cuenta que si recién escribimos una actualización desde Buenos Aires, y a los diez minutos enviamos otra desde Rosario o algún otro lugar que resulte físicamente imposible alcanzar en ese lapso de tiempo, estaremos echando por tierra cualquier indicio de credibilidad con respecto a nuestra ubicación, volviendo toda la cuestión carente de sentido.

¿Ya usaste una aplicación como Fake GPS? ¿En qué situaciones la encontrarías útil?


Ene 23 2011

Dudas Existenciales (78): Cliente de segunda por ser geek

Gabolonte Blasfemus

imageAsí me sentí alguna vez, y en especial el martes pasado, cuando me dispuse a realizar una tarea rutinaria de mi vida: Ir a un café o restaurant a usar mi netbook mientras disfruto de algún refrigerio. Y sí, hasta me sentí afectado por esa palabrita tan fuerte sobre la que escribí hace poco.

En primer lugar me gusta dejar en claro que no soy el tipo de cliente estereotipado y aparentemente temido por todo negocio gastronómico cuando piensa en ofrecer Wi-Fi a sus comensales: No me cuelgo 4 horas con sólo un cafecito o una gaseosa. Generalmente es al contrario, y hasta suelo pedir de más. Normal es que me quede dos horas en las que seguramente habré ordenado uno o dos cafés de los más caros, gaseosa, más algún sándwich o postre. A mí y a mi estómago nos gusta pasarla bien mientras trabajamos o nos actualizamos un poco con lo que pasa por nuestros canales de información habituales en Internet. También es normal que deje buenas propinas, a veces superando el riguroso 10% que pocos cumplen.

Dicho esto, tengo que expresar con más razón que lo sucedido ese día me molestó bastante, ya que se trataba de un local al que concurrí en numerosas ocasiones y donde al menos conozco bien a uno de los mozos, con el que jamás tuve ningún problema. Sin embargo esta vez me tocó otro, que no sé si sería alguien nuevo. Para ponerse en situación hay que considerar que este restaurant en particular tiene un primer piso que, aunque correcto y algo cálido, es muy inferior en superficie y bienestar a la planta baja, sumado a que encima la mayor parte del mismo está tomada para el área de fumadores, otros parias pero que en cuyo caso presentan buenos motivos para serlo (nadie quiere compartir sus ganas de morir de cáncer de pulmón mientras se asquea respirando humo). Nunca tuve problemas en quedarme y consumir mientras me conecto tanto en un nivel como en el otro, salvo por esta ocasión, en la que el mozo en cuestión intentó sugerirme amablemente que “Wi-Fi es arriba” y que “son normas del establecimiento”, porque “se quedan mucho tiempo”. No sabía si quedarme igual, ya que claramente no pensaba incomodar al local quedándome por cinco horas, o hacerle caso, comerme la molestia de que ya había abierto y arrancado mi netbook, y subir al primer piso; al final ninguna de las dos me pareció correcta, por lo que así como arranqué mi portátil la apagué y me fui a otro lugar cercano, donde estaba seguro que jamás me vendrían con ese desubicado desplante y me tratarían con la cordialidad habitual y de la que como cliente regular en especial gozo.

imageDe todas maneras me considero afortunado, casi nunca me pasó algo así, aunque he leído varios casos en los que sí, y en especial sobre la nefasta visión que tienen ciertos gerentes y encargados sobre el cliente que apoya una portátil sobre la mesa.

Sucedido todo esto, me quedé con unas cuantas ideas para elaborar. En primer lugar traté de imaginar qué podríamos tener de molesto o repulsivo en la trasnochada mente de algunos mozos y encargados de locales gastronómicos los clientes que usamos una computadora portátil mientras consumimos, que aquellos que no. ¿Será que tienen miedo que los demás clientes se quejen de que los enferma o los deja estériles la radiación electromagnética que emana de la computadora? No creo, el celular que todo el mundo lleva encima emite mucha más y nadie se queja. ¿Temerán que la franja de analfabetos digitales dentro de su selecta clientela se sienta perturbada o amenazada por gente que puede operar una computadora mientras toma un café y se manda un panini? También lo veo difícil.

De hecho, si es por ese miedo irracional que muchos gastronómicos tienen a que el cliente consuma poco y se quede mucho, no veo la diferencia de que no pueda suceder lo mismo con el que se queda leyendo el diario o una revista, llenando crucigramas, estudiando, charlando con un amigo, o hablando y mandando mensajes por el celular. ¿Si fuera con una tablet a lo mejor molestaría menos? Si en vez de conectarme a Internet desde la notebook/netbook, lo hiciera desde mi smartphone, ¿les daría la sensación de que me voy a quedar menos y entonces no me dirían nada?

Pero aún hay un factor más indignante que considerar. Muchos defensores de débiles pueden esgrimir el repetitivo argumento de que lo que molesta es que se abusen por horas de la conexión a Internet que pone y paga el local mientras consumen un café de menos de AR$ 10, y lo graciosamente repulsivo de tal excusa es la cantidad de veces que nos vemos claramente estafados a la hora de ingresar a un local que promete, vía los ya ubicuos stickers en su vidriera, acceso Wi-Fi a Internet para sus clientes. ¿Cuántas veces nos encontramos con redes inalámbricas con escaso o nulo acceso a Internet, cortes permanentes, o directamente inexistentes? Yo al menos, la mitad de todas las veces que fui a un local de comidas o bebidas. De hecho, le aclaré a este mozo desubicado en particular que si el problema era que pudiera abusarme de su mugrosa conexión Wi-Fi, no tenía problema alguno en pasar olímpicamente de ella para conectarme directamente por el acceso 3G de mi netbook o de mi smartphone, los que todo el tiempo me salvan de no perder tanto mi tiempo (y vuelvo a remarcar tanto) cada vez que soy estafado al consumir en un lugar que anuncia tener acceso Wi-Fi y que luego no funciona o no existe.

imageY esa es la duda existencial que más resuena en mi cabeza esta semana: Ellos se quejan de que los clientes con notebook/netbook, cual si fuésemos una horda de indeseables pertenecientes a una única y nefasta clase o casta, nos quedamos más que el resto de los mortales y ocupamos tiempo en las mesas que podrían ser, supuestamente, para otros clientes que ingresen más tarde. Y esta buena gente, ¿cuánto tiempo nos hace perder a nosotros cuando ingresamos, ordenamos algo engañados por el anuncio de un acceso Wi-Fi que no sirve, todo para luego ver que el mismo es una reverenda porquería, y como ya pedimos y no es correcto irnos así perdamos decenas de esos valiosos minutos, que a ellos tanto les hace sufrir que pasemos dentro de su establecimiento, intentando hacer nuestras tareas desde su basura de conexión? A mí, personalmente, muchísimos, incontables, y en muchos casos finalmente después de perder media hora o más termino usando mi propia conexión 3G, que me pago yo solito. Y encima después los malparidos se quejan de que nos quedamos mucho tiempo. No, muchachos, no, yo sé que tienen tantas ganas como yo pero las molotov se preparan para cosas más importantes…


Ene 5 2010

Connectify, un hotspot Wi-Fi desde tu Windows 7

Gabolonte Blasfemus

connectify Poco a poco comienza a verse software que hace que migrar finalmente desde versiones anteriores a Windows 7, que no está nada mal comparado con lo que fue Vista, termine valiendo realmente la pena.

Connectify es uno de esos casos, una aplicación gratuita que permite levantar nuestro propio access point inalámbrico en nuestra portátil (o desktop con adaptador inalámbrico) para así poder establecer un canal de comunicación fácilmente con otros gadgets, o el uso más común, compartir la conexión a Internet con estos. Su uso es ideal para, por ejemplo, brindar conectividad desde un equipo conectado por 3G a Internet a PCs o dispositivos nuestros o de nuestros amigos.

La seguridad no está dejada de lado en absoluto en Connectify, ya que nuestro hotspot contará automáticamente con protección WPA2-PSK con cifrado AES. En caso de que nuestros gadgets no soporten tal especificación, es posible habilitar desde la misma aplicación el modo Ad-Hoc con el inseguro (pero únicamente disponible en tal caso) cifrado WEP.

La posibilidad que esta aplicación brinda de levantar nuestro propio AP inalámbrico y además totalmente gratis es fantástica, más aún así debemos tener en cuenta que recién está en sus comienzos y no funciona en todas las configuraciones. En su sitio podemos ver una lista de adaptadores inalámbricos compatibles y otros que se sabe que no funcionan correctamente o que sólo lo hacen en el modo Ad-Hoc. Es también probable que nuestro adaptador aparentemente incompatible a la primera salga funcionando con una actualización de drivers y/o firmware, o no.

En mis pruebas encontré que corriendo Connectify, por ejemplo, desde mi netbook LG X110, sólo pude conectarme al hotspot creado en la misma desde mi notebook Acer corriendo Ubuntu Karmic, no así desde el Windows 7 que también reside en la Acer o desde mi HTC Touch Viva con WinMo 6.1, en los cuales ocurría un error de IP no asignada. En cambio cuando lo probé en el Windows 7 de mi Acer, sí pude conectarme sin problemas desde el Windows 7 de la LG, pero seguía sin poder hacerlo desde WinMo. Como ven existe toda una gama algo ilógica de compatibilidad que nos hace ver que aún le falta a este innovador software para ser tomado en cuenta como una opción seria; aún así es posible que nos sea de mucha utilidad en algunos casos.

Como mencionaba al principio, y debido a características especiales incorporadas recién a partir de dicho SO, Connectify sólo funciona en Windows 7 y Windows Server 2008 R2 (la “versión server” de 7). Por último, si quisiera pedirle algo más a este buen software además de mayor compatibilidad, seguramente sería la opción de incluir como opcional el soporte para WPA-TSK con cifrado TKIP, de manera de poder conectar también dispositivos y/o software más antiguos que no soporten WPA2.


Jun 3 2009

Como convertir una IP privada en pública

Gabolonte Blasfemus

Según una conocida cadena farmacéutica argentina sería algo así:

200906021945_00561 

Esta pantalla LCD gigante mostraba su Windows XP conectado por Wi-Fi al mundo desde una megatransitada esquina del microcentro. Qué suerte que no estaban buscando algún crack o serial en esos sitios con tantos banners simpáticos.