Generalmente vienen del mundo de la filosofía, las letras y el periodismo, y también de los sectores más ombliguistas, muertos o corruptos de cada uno, respectivamente. Pero todos poseen un par de sentimientos en común: Ya sea públicamente (si tienen la posibilidad de hacerlo) o para sus adentros y/o entre colegas, destilan un gran odio y desprecio a esa ya no tan nueva herramienta de comunicación nacida de Internet misma, pero que para ellos nunca dejará de serlo así cumpla 10 años: Los weblogs. Y más allá de que existen otras definiciones emparentadas bajo el mismo término, no encuentro una que le quepa mejor a este tipo de fauna: Letrosos. (Imagen vía emdot)
Por supuesto, no todo filósofo, escritor y/o periodista es uno de ellos, afortunadamente. Muchos de hecho aprovechan por completo las nuevas tecnologías y la web social en su propio beneficio, con la seguridad de que les esperan grandes oportunidades y de que pueden tener tanto o más éxito en ella como en los medios gráficos. Pero el letroso es distinto. Automáticamente asocian a “los blogs y todo eso” con un rejunte de monos que “apenas saben escribir”, metiendo en esa bolsa a todo aquel que no sea de su palo.
Por supuesto, la aversión a la tecnología y el miedo a aprender cosas nuevas es un elemento base de esta actitud, principalmente en mayores de 30, pero yo veo que existe algo más con esta particular gente; es como si en sus más oscuros deseos tuviera que ser necesaria una especie de carnet o identificación que habilite a cada persona al privilegio de ser leída o escuchada por las masas, algo que si no fuera gracias a Internet, aún sería de esa manera. Y eso es lo que muy adentro de su cerebrito de palabras más odia un letroso: Esa libertad de expresión que ellos no dejan de ver como libertinaje, y principalmente como competencia.
Y es que antes las cosas eran mucho más fáciles. La masa imberbe no tenía mucho para elegir a la hora de decidir quien moldearía sus opiniones y pensamientos, debían sí o sí quedarse con las negociadas influencias provenientes de los grandes medios, esos por los que nuestros amigos letrosos lucharon y entregaron hasta lo innombrable en muchos casos para poder ser parte, independientemente de lo buenos o no tanto que fuesen profesionalmente en lo suyo. Y es por eso mismo que ven como una injusticia universal que ahora cualquier hijo de vecino pueda ser leído, visto o escuchado por miles sólo en base a sus propios atributos o talentos, y sin necesitar de ningún permiso concedido por la pertenencia a cierta logia o gremio. Pero se pone aún peor para esta buena gente si pensamos en todas las ocasiones que negligencias, censuras y engaños, principalmente en el entorno periodístico, han sido destapados por un mísero blog, poniendo en evidencia la otrora incuestionable calidad y veracidad de estos profesionales letrosos, por la cual ahora tienen que rendir examen de manera permanente y de a par a par con cualquiera que quiera hacerse escuchar. (imagen vía Nationaal Archief)
Consecuentemente a lo expuesto, para un letroso la posibilidad de mejorar y abrazar las nuevas tecnologías dentro de su labor está sometida a un gran condicional en su mente: Nosotros sí podemos, pero ellos no deben. Así como no cualquiera puede publicar en un diario o libro sin el beneplácito de grandes medios y editoriales, y sin ser parte de ese ambiente en particular que nuestros amigos consideran superior a todos los demás, pareciera que sus mayores anhelos corren por la misma vertiente en lo que se refiere a la posibilidad de publicar en la web, el cual esta gente, dentro de sus limitaciones, no deja de ver ni más ni menos que como un nuevo modelo de imprenta. ¿Y a quién se le ocurre que los brutos imprenteros tengan derecho a publicar sus ideas a la par con ellos?
Eso es, lo que a ojos de un letroso, somos los geeks en relación a esa nueva e indescifrable imprenta que representa la web para ellos. Sumémosle que cualquiera puede tener y mantener un weblog hoy en día sin muchos conocimientos técnicos, algo gracias a lo que realmente todos pueden publicar en la web, incluidos ellos mismos, y el caos es completo. Para un letroso, el imprentero sólo tiene que aparecer para que le corten la cabeza el día que la imprenta no funcione, o en este caso, que el blog no cargue o la PC se cuelgue. Pretenden que seamos meros esclavos técnicos de esa herramienta que muy a su pesar necesitan utilizar para seguir haciendo lo que ellos consideran su magia. Y los geeks/imprenteros no deben existir para nada más que para su mantenimiento.
Y más allá de sus relativos éxitos o fracasos, ya que hay letrosos para muchos gustos y calidades, podemos reconocer fácilmente a estos especímenes porque tarde o temprano expresarán, de una forma bien directa o no tanto, ese deseo incontenible que poseen de que no cualquier salame pueda escribir y ser leído por muchos, sino únicamente salames con las mismas credenciales que ellos poseen. Muchos, incluso, no soportan de por sí ver la clásica estética cronológica de un weblog; tienen su visión adaptada para reconocer como válidos sólo a sitios web con el típico aspecto de diario o revista online. No es de extrañar entonces, que muchos letrosos estén totalmente de acuerdo con las movidas dictatoriales que emprenden sus papás abusivos, los grandes multimedios, en contra de la verdadera libertad de expresión y la neutralidad de la red, a base de sembrar FUD, acciones judiciales y oscuras alianzas con telcos.
Y ahora, gracias a este hermoso artículo de manos de un imprentero de la Internet, van a saber reconocer a un letroso muy fácilmente, oh amigos del anarquismo de las letras (?)