Jul 11 2012

Minority Report, un poroto al lado

Gabolonte Blasfemus

Es increíble como se pierde la capacidad de asombro (pero no la preocupación) cuando ciertos eventos se hacen frecuentes. Y este es el tipo de noticia que de hecho ya no sorprenda a nadie por su innovación tecnológica, y sin embargo nos preocupe aún más por el nivel de control y conocimiento que van a tener sobre nosotros los gobiernos, las corporaciones, y demás organizaciones no muy bienintencionadas.

Acorde a esta nota de Gizmodo, el gobierno estadounidense va a estar instalando durante los próximos dos años, o en menor tiempo aún, un tipo de escáner en sus aeropuertos que va mucho más allá de detectar metales o mostrar figuras 3D del cuerpo desnudo de los pasajeros para “ver si esconden algo”; esta nueva tecnología de detección se sirve de un rayo láser que, en un radio de 50 metros, le permitirá a las autoridades (o quien sea que use esta tecnología) conocer pormenores impensables de la intimidad de cada ser humano al instante: Qué desayunaron esa mañana, qué drogas y sustancias (legales o no) consume, incluso qué enfermedades padece, siendo esta última una de las potenciales aplicaciones positivas que, por lo que se ve, no entra en las prioridades del Tío Sam.

Esta tecnología es tan avanzada que es capaz de detectar mínimas porciones de cualquier sustancia, de tamaños tan diminutos como el de un grano de azúcar, siendo este, y su inmediata velocidad que permite escanear a todas las personas presentes al instante, sus principales argumentos de venta. No es de extrañar que la empresa desarrolladora de este equipamiento, llamada Genia Photonics, esté recibiendo financiación del mismo gobierno norteamericano.

Ellos dicen, por supuesto, que lo van a utilizar para hacer más efectiva la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, y todos esos grandes cucos de nuestros tiempos que se traen a colación cada vez que nos la quieren poner hasta la garganta con nuestro consentimiento, pero la realidad es que no se puede inferir demasiado de alguien que tenga sobre su ropa un residuo de una sustancia penada por la ley del tamaño de una mota de polvo. Innumerables sustancias fraccionadas a ese nivel se vuelven de transmisión aérea, y el mal uso de esta tecnología puede terminar en extremos como, por ejemplo, ser acusado de terrorista, o como mínimo ser detenido, demorado, interrogado, y vaya uno y el Imperio saber qué más, como consecuencia de habernos chocado previamente con alguien que, vaya a saber por qué motivos, tenía restos de pólvora o algún químico explosivo encima. ¿Parece demasiado improbable? La misma nota se encarga de mostrar que ya está ocurriendo: En Dubai, ese supuesto paraíso del que a muchos les encanta reenviar y publicar las fotos de sus lujosos edificios, posee una ley de tolerancia cero contra todo tipo de drogas ilegales y no tanto, y ya le dio cuatro años de prisión a un inglés porque le detectaron una mota de cannabis bajo un zapato. Esto ya no se trata de seguridad hace mucho tiempo, se trata de tener a la mano el poder y la excusa de disponer de cualquiera, cuando se quiera.

¿Se imaginan las situaciones y usos que podría tener esta tecnología, una vez masificada, en un país como el nuestro? Mejor no pensarlo demasiado para no arruinar la digestión.