May 12 2011

Paradojas y trampas mentales de los debates por derechos de autor

Gabolonte Blasfemus

Sin duda alguna, uno de los temas que sacudió la semana fue el encarcelamiento de los actuales dueños de Taringa, y el dudoso futuro del sitio, al menos en su modalidad actual, donde todos sabemos que es una fiesta de publicación de enlaces a material protegido por copyright de todo tipo. Ni siquiera hace falta desperdiciar links en la noticia: Se la puede encontrar en segundos. Y todos sabemos bien qué es y qué se hace en ese sitio, y todos, hasta quien se la manda del más correcto al hablar en público, descargó alguna vez material no permitido del mismo o de otros lados; quien diga lo contrario es el más falso de todos.

Después de leer sobre la maniobra defensiva “yo-no-sabía-que-pirateaban” y cientos de metáforas a favor y en contra de lo que se hace en T!, tengo la necesidad de sacar algunas cosas en limpio. Mi primer conclusión es que la mayoría de los profesionales y wannabes de Internet tienen una cierta doble moral a la hora del análisis, y no pueden evitar medir con varas algo distintas cuando alguien les copió un post de su blog que cuando alguien se descarga un álbum de Lady Gaga o el MS Office. Si está mal la acción, se supondría que está mal para todo, y no  nos podemos poner a diferenciar caso por caso cuando supuestamente amerita porque es una empresa explotadora que factura millones, a cuando es un humilde creador que apenas se paga la comida. Por otro lado, cualquiera con un sentido de justicia siente que una compañía como Microsoft no debería facturar 500 dólares por cada ocasión que vende una copia de un paquete de software que tuvo que crear una sola vez; aplíquese lo mismo al mundo artístico. En este caso muchos sentimos que lo que está mal de raíz son las leyes y los mercados, que permiten que aberraciones como estas sean moneda corriente y todo un ejemplo de negocio. Y por supuesto voy a decir lo que ya se ha repetido hasta el cansancio: Si una obra tuviera un precio justo, acorde al costo distribuido de su creación y distribución, pocos se tomarían el trabajo de conseguirla sin pagar nada. Esto es algo que a algunos que les fue bien les resbala, porque como ahora pueden comprarse la Mac para pavonearse por ahí junto a todo el obscenamente costoso software original asociado se ponen del lado garcorporativo y condenan sin excepción toda herramienta que acerque algo a muchos que de otra manera jamás lo conocerían. Es muy fácil olvidarse de aquella época cuando te tuviste que bajar el Win trucho porque no te quedaba otra…

En otra esquina esta el hecho de que exista gente que haga de su modelo de negocio el tener ganancias a costa de las obras que hicieron otros, y por supuesto sin pagarles un peso. Ese sería el lugar en el se encuentran hoy los dueños de Taringa, que facturan con la publicidad que venden a muy buen precio en su sitio, donde casi todo visitante entró alguna vez para bajarse algo protegido por derechos de autor. Sería también la definición moderna de piratería, aunque a estas alturas deberíamos hace rato haber buscado otro termino que nos haga olvidar de antiguos ingleses malolientes y mutilados que asaltaban barcos y asesinaban tripulaciones. Creo que en este punto, no importa lo conveniente o no que nos resulte lo que nos ofrece un sitio como T!, la realidad es que está mal desde todo punto de vista, a menos que nuestro egoísmo haga que no lo queramos ver. Los dueños de un sitio como Taringa no deberían estar llenándose los bolsillos gratuitamente a costa de ofrecer software y obras ajenas. Pero también tenemos que poner un límite inamovible al abuso de los grandes monstruos corporativos, y ese límite es, como ya se dijo, que compartir sin fines de lucro no puede ser un delito en una sociedad libre. Pero esto crea un lindo y gran hueco a su vez, ya que todo aquel que quisiera facilitar que la gente comparta sin lucrar lo que ya adquirió, necesita en la mayoría de los casos montar una infraestructura que no se paga sola, como es el caso de T! ¿Y en qué cifra pondríamos el límite entre el dinero recaudado necesario para mantenerla y el que ya es a todas luces una ganancia ilegal sobre material protegido?

Finalmente, y aunque desde cualquier aspecto me cae muy mal que desde Taringa se llenen los bolsillos con el trabajo ajeno, me tengo que cuestionar a quién beneficia más que un sitio tan popular para compartir contenido entre la gente desaparezca: ¿A los creadores del contenido, o a los verdaderos piratas profesionales, esos que conocen los lugares exclusivos desde donde descargar el material caliente, y luego lo distribuyen a revendedores en plazas, kioscos de diarios, videoclubs, y un larguísimo etcétera? En un país donde una copia original de Adobe Photoshop cuesta U$S 2.500 no hace falta razonarlo mucho.

Mi conclusión políticamente incorrecta: Es lo mismo de siempre. Lo mismo que cuando quisieron hacer obligatorio el registro con DNI para comprar una SIM prepaga o cuando quisieron guardar registros detallados de las actividades de todos los internautas; son trampas que bajo la excusa de la seguridad y la ilegalidad le joden la vida únicamente al ciudadano común, no al verdadero delincuente, que es el que realmente perjudica una industria o sociedad. La gastada técnica de poner un ejemplo que nos haga temblar las piernas a los que todavía creemos un poco en la Justicia, en votar y pagar los impuestos, no sea cosa que nos pensemos que esto es una fiesta… para nosotros, porque para los vividores de este país lo es hace largo rato. ¿Quieren atacar la piratería? Qué raro que a nadie nunca se le ocurrió tocar a los manteros que inundan Buenos Aires, y a todos los negocios que venden material trucho, o mil veces mejor, a sus distribuidores… seguro que nadie le compra a este gente por eso no la considerarán importante (?). Pero si es así, ahora les van a comprar mucho más.

Si vamos a atacar la ilegalidad, en serio, yo los apoyo, ¿cuando barren a La Salada, la peatonal de Florida y a sus varios clones del mapa? Ahí sí tenemos algo más que unas subidas ilegales.