Mar 12 2011

Dudas Existenciales (82): La inutilidad de las videollamadas móviles

Gabolonte Blasfemus

imageAño 2011. Las videollamadas entre celulares son posibles desde hace ya algunos años, siendo anunciadas en su arribo con bombo y platillos casi al mismo tiempo que el boom de la telefonía 3G azotaba a las operadoras. Y aún así, no vemos a nadie utilizándolas en situaciones de la vida real, ¿por qué?

Recuerdo que la única vez que vi en persona a alguien utilizándolas fue en el lugar menos esperado: Un taxista que me llevaba y se comunicaba con la central de su flota por este medio. El teléfono que utilizaba era un Nokia si mal no recuerdo, el típico candybar con pantalla diminuta, montado en un soporte sobre el panel del automóvil y con el audio en manos libres; podía ver y escuchar a quien le hablaba del otro lado, pero con una calidad de imagen pésima.

De todas maneras si pensamos en las contras de utilizar videollamadas casi todos seguramente coincidimos en lo mismo: Con el audio nos alcanza y nos sobra para comunicarnos con otra persona remotamente. El video es, por decirlo de alguna forma, demasiado invasivo; propenso a mostrar mucho más de lo que deseamos o podemos controlar. Aunque hay que diferenciar la videollamada que podemos realizar sentados frente a nuestra computadora de la que nos puede ofrecer un dispositivo móvil: En la primera, realizada normalmente a través de algún software como Windows Live Messenger o Skype entre tantos, dadas las circunstancias tecnológicas (no llevamos la computadora todo el día encendida en nuestro bolsillo esperando llamadas, no siempre tenemos Internet para estar online) cuando entablamos una llamada generalmente se acuerda entre ambas partes previamente por chat, por lo que podemos controlar y decidir cuándo y cómo queremos ser vistos; en cambio en el segundo caso perdemos ese control, de idéntica manera a que no podemos controlar el momento en que recibimos una llamada de teléfono convencional, y donde el único escape es no atender la llamada, lo cual por supuesto nos puede traer varios inconvenientes con nuestros interlocutores.

¿Y por qué eso debería ser un problema? Primero porque a nadie le gusta la sensación de ser controlado: Que los demás puedan tener una buena idea de en dónde nos encontramos y en qué situación con tan solo llamarnos por videófono es algo que de solo imaginarlo crispa los nervios. Y más si estamos justamente mintiendo sobre nuestra ubicación y quehaceres actuales, algo que explícitamente o por omisión realiza todo ser humano que utilice un teléfono sobre este planeta. El ejemplo más inocente y naif de esto es posiblemente el más común: Casi nadie está presentable las 24 horas, y las posibilidades son a favor de que no tengamos ganas de que familiares, amigos, ex parejas y hasta desconocidos nos vean la verdadera facha que tenemos un Domingo a las 12 del mediodía; preferimos dejarlos con la vaga imagen mental que se harán de nuestro aspecto mientras únicamente pueden escuchar nuestra voz. Por supuesto, se puede elegir si se desea o no agregar el canal de video a una llamada, y podríamos atender solo por audio en los casos en que nos moleste ser vistos; pero el problema radica en que, existiendo la posibilidad, lo más probable es que nuestro interlocutor nos indague sobre el por qué de no permitirle que nos vea y automáticamente nos exija que nos mostremos, especialmente si hablamos de jefes, parejas y padres.

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Feb 6 2011

Dudas Existenciales (80): ¿La netbook pasó de moda?

Gabolonte Blasfemus

imageMe acuerdo como eran las cosas hace exactamente dos años. Netbooks en todo café donde alguien se anime a usar Internet, netbooks en todas las vidrieras de Galería Jardín, y hasta el usaurio más nabonga averiguando para comprarse una. Era la fiebre de las netbooks en todo su esplendor, habían llegado para quedarse e invadirnos, como los floggers, salvando las infinitas distancias.

Pero de la misma forma que con los anteriores, la historia vuelve a mostrarnos que nada es para siempre, y mucho menos si de tecnología se trata. No miento si hoy digo que me resulta algo llamativo si entro a un local y veo a alguien usando una netbook, a tal punto que yo me llego a sentir extraño a veces por estar usando la mía.

Y no, no se trata de que las pequeñas que fueron furor hace un par de años sucumbieron ante las tablets y en particular ante el iPad, como fue el sueño húmedo de muchos manzanitas; de hecho al día de hoy no he visto absolutamente a nadie con algo así en sus manos; es evidente que en nuestro país al menos las tablets siguen siendo mayormente un caprichito de snob adinerado.

A uno desde chiquito le dicen que no es bueno hacerlo, pero ya sea en el baño del gimnasio, a la hora de espiar la nómina, o en una charla de amigos sobre minas, no puede evitar comparar. Y cuando comparo mi ya viejita pero rendidora LG X110 con lo que el comensal online moderno lleva a la mesa me encuentro con cosas distintas hoy. Tengo que admitirlo, me he encontrado con más de una Mac Book (poroto para los Stevie-boys), pero lo que principalmente me encuentro ahora no son ni más ni menos que notebooks. Sí, las notebooks de siempre, sólo que mejoradas por supuesto, seguramente por toda esta aparentemente pasajera fiebre netbookera.

Y no es casualidad que ya sé de dos amigos que dejaron su netbook para volver al ruedo con su anterior notebook, mientras que las consultas que me llegan por nuevas compras de una portátil generalmente se terminan decantando por la última, ante la desconfianza de que con la primera no alcance el jugo.

Y ustedes, ¿qué se comprarían hoy como solución portátil (no móvil) si lo hicieran? ¿Volverían por una netbook más nueva y poderosa por la comodidad del peso y el tamaño, o se arriesgarían por una notebook actual con mucha más potencia y unidad óptica, pero de peso y tamaño alivianados con respecto a las de hace dos años? ¿Se arriesgarían por una tablet? Voten y argumenten su elección en los comenOtarios.


Feb 1 2010

El iPad, Apple, y los psicópatas

Gabolonte Blasfemus

image Hace algo más de un año que recuerdo haber visto un artículo bastante interesante describiendo las características básicas de ese pequeño porcentaje de la población, de alrededor de un 4%, conocido como sociópatas o, más correctamente, psicópatas. Recuerdo que me sorprendió el averiguar que no todos los psicópatas son asesinos seriales que descuartizan a sus víctimas a sangre fría, sino que estos últimos componen una pequeña minoría que se la califica como “psicópatas no exitosos”, ya que debido a sus apetitos no lograron integrarse a la sociedad sin ser atrapados. La mayoría de los otros psicópatas, en cambio, cometen sus actos de predación en un nivel menos físico, dañando a sus víctimas en formas psicológicas, sociales, y financieras, siendo su principal característica el no sentir absolutamente ningún tipo de remordimiento o culpa por el daño que infringen a los demás.

La semana pasada nuevamente volvió al centro de mis intereses este tema, gracias a que fue tocado tan verídicamente en el episodio nro. 11 de la sexta temporada de Dr. House llamado Remorse, en donde se nota que los guionistas estaban muy bien asesorados al respecto ya que mucho de lo ocurrido en la trama encaja perfectamente con los comportamientos y situaciones típicas de un psicópata y sus víctimas.

Entre las diversas características que pueden definir a quienes poseen este tipo de patología, se pueden destacar las siguientes:

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