May 25 2012

Crear un hotspot Wi-Fi desde la línea de comandos de Windows 7

Gabolonte Blasfemus

MiFi, módem 3G + router WiFiHoy en día está muy expandida la idea de poder compartir inalámbricamente cualquier conexión a Internet de la que dispongamos, generalmente enlaces de datos de telefonía celular. La mayoría de los smartphones decentes tienen la capacidad de hacerlo nativamente o mediante algun hack y/o aplicación (lo que se le llama tethering), y de hecho ya son bastante comunes las “cajitas para compartir Internet” conocidas como MiFi, que no son más que un modem 3G asociado a un router WiFi, todo integrado en un solo gadget del tamaño de un estuche de anteojos, de manera que facilite tener un enlace móvil para dispositivos que también lo son, como notebooks, netbooks, smartphones, tablets o lo que se nos ocurra. ¡Si hasta ya son comunes los autos con WiFi!

Pero lo más probable es que no tengamos un auto que comparte Internet, ni aún justifiquemos la compra de un MiFi, pero que sí tengamos un modem 3G o 4G USB que usemos en nuestra PC o notebook, y a través del cual algunas veces nos gustaría poder compartir la conexión, inalámbricamente, con otros aparatos. Hace un buen tiempo vimos como una aplicación llamada Connectify nos permitía conseguir exactamente esto, utilizando capacidades propias de Windows 7. Lo que me enteré hace poco, despistado de mí, es que esto mismo podemos lograrlo desde la misma línea de comandos de Windows 7, sin necesidad de descargar e instalar aplicación alguna.

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May 2 2012

El poder de unos pocos

Gabolonte Blasfemus

Si tenés cinco minutos, o incluso si no, te pido que te los hagas y leas un texto que, a mi humilde juicio, puede ser uno de los más definitorios de nuestros tiempos. Es una nota escrita por Rick Falkvinge en el sitio TorrentFreak, intitulada The Net vs. The Power of Narratives. Si no tenés demasiados problemas para leer en inglés te recomiendo ampliamente que la leas tal como está; en caso contrario en el sitio del Partido Pirata de Argentina publicaron una traducción completa, aunque como casi siempre, las traducciones suelen no contener al 100% toda la carga de conceptos expresados en el original.

Entre tantos blogs que frecuento discutiendo desde hace casi una década sobre la revolución que significa Internet y la muerte o transformación, injusta o no, de los diarios y otros medios tradicionales, Falkvinge logra llegar al verdadero grano de la cuestión: Todo se resume a quién tiene el poder de la palabra, o para ser más precisos, de su difusión. Contar con la magia de dictar lo que las mayorías opinen y piensen acerca de absolutamente todo debe ser el último sueño húmedo de todo aquel que persigue poder, realizado únicamente por líderes de facto, políticos, religiosos, o dueños de grandes multimedios. Perderlo por ende, les resulta totalmente inaceptable, y eso es lo que propicia el poder de la Internet actual, donde todos pueden llegar casi con el mismo alcance potencial a quien los quiera ver, escuchar, o leer.

Si lo pensamos un poco, esta historia siempre se repite muchas más veces de las que pensamos. No sólo con la llegada de la imprenta como se comenta en dicho artículo, sino cada vez que ocurre un cambio que amenaza con quitarle, o no permitirle acumular, poder a unos pocos. Esos pocos quieren exclusividad, quieren que solo sus palabras sean realidades, o en todo caso, que solo a través de ellos circulen. Puede tratarse de un ecosistema tecnológico cerrado diseñado para que nadie escape de su control, o incluso, paradójicamente, también un conjunto de bloggers con las mismas ansias de poder, de sentirse únicos y especiales. Sea cual sea el caso, en algún punto les va a molestar que también se lo escuche al vecino. Le puede pasar a cualquiera.

Lo importante es mantener, siempre, a esta Internet neutral, abierta, en la que cualquiera puede decir lo que piensa, y si lo que piensa interesa, ser escuchado por millones. Todo el tiempo se están acometiendo nuevos atropellos para borrarla del mapa, y por eso es importante que, en la medida que nos sea posible, no nos callemos. Aprovechemos que hoy tenemos algo mil veces mejor que la imprenta para decir lo que pensamos, sean bobadas superficiales o no.


Abr 16 2011

Librarse de los proxys de las compañías de telefonía móvil

Gabolonte Blasfemus

P4200006Hace un par de semanas fue noticia algo que para muchos usuarios de telefonía celular en Argentina fue muy preocupante, y más en particular para quienes somos clientes de la compañía Telecom Personal: Al navegar con nuestro móvil se enviaba nuestro número telefónico a todos los sitios web consultados.

El culpable de esto no era ni más ni menos que el servidor proxy de Personal, el cual se encargaba de enviar unos encabezados http extra en cada petición a un sitio web, entre los que se hallaba uno bajo la denominación HTTP_X_MSISDN, que contenía el número del abonado bajo el formato 5411XXXXXXXX, si por ejemplo tenemos una línea del AMBA.

A raíz de semejante escándalo hubo mucho eco dando vueltas, por suerte el suficiente como para que Personal se percatara de que no podía seguir haciendo lo mismo, por lo que si al día de hoy verificamos esto nos encontraremos con que ya fue corregido y este encabezado http directamente no aparece. Podemos hacerlo visitando desde un celular de esta compañía un sitio como whoer.net/extended que brinda información detallada sobre toda la información provista del lado del cliente al navegar la web.

Ahora bien, ¿con esto podemos decir problema solucionado y olvidarnos de todo el asunto? Al menos yo opino que no.

Primero deberíamos indagar un poco sobre lo que es un servidor proxy. El propósito original de un proxy http en sus orígenes era el de servir como una suerte de memoria caché de la web, una forma de que los usuarios conectados al mismo puedan descargar con mayor velocidad sitios web de visita recurrente al estar sus páginas ya almacenadas en memoria. El ejemplo de uso típico se daba allá por finales de los ‘90s en las empresas conectadas a Internet por un pobre y lento acceso dial-up telefónico compartido para toda la red local de la oficina. En estos casos, colocar un proxy era casi obligatorio, porque permitía que sitios de consulta frecuente (por ejemplo webs de noticias, sitios de proveedores, etc) quedaran ya guardadas en la memoria del servidor la primera vez que fueron solicitadas, para luego servir el mismo contenido a otro usuario dentro de la empresa que quisiera consultarlo, pero a una velocidad mucho mayor (la velocidad de la red local que conectaba al proxy con las máquinas de los usuarios, miles de veces superior a la del enlace telefónico), y al mismo tiempo ahorrando el escaso ancho de banda de la conexión dial-up para descargar otros sitios que aún no habían sido almacenados por el proxy. Por supuesto, esto no era perfecto, y uno de las  mayores contras era la visualización de páginas con información desactualizada, algo normal en sitios de actualización frecuente cuyo contenido cambia varias veces al día.

Aún así, la tecnología llegó para quedarse, y se expandió a todos los rincones: Hoy en día todo ISP (proveedor de conexión a Internet) destinado al mercado masivo utiliza, sin que la mayoría de los abonados se enteren, proxys transparentes, los cuales no necesitan ser configurados en cada máquina cliente, ya que todo tráfico http es automáticamente interceptado y ruteado a dicho proxy. Esto para los ISPs no es sólo una forma de ahorrarse tráfico al exterior, sino también una forma más eficiente de control, al quedar registrado en sus servidores de una forma mucho más fácil toda actividad web de sus clientes. De hecho se da regularmente el caso de encontrarse con proxys transparentes en los algunos ISPs que funcionan tan mal que hacen que la navegación sea más lenta que sin ellos, o que incluso no carguen sitios específicos, contradiciendo totalmente el propósito para el cual fueron concebidos en un primer lugar.

Dicho esto, para escapar del proxy transparente de nuestro ISP hogareño tenemos dos opciones: Cambiar por los servicios de un ISP corporativo más costoso que no los utilice o, mediante un túnel SSH o VPN, salir desde nuestra conexión a través de un enlace de este tipo si tenemos la suerte de tener acceso al mismo en nuestro trabajo o por parte de algún amigo.

Afortunadamente, con el servicio de Internet móvil aún no se llegó a la tiranía descarada de utilizar  un proxy transparente, principalmente porque no hace falta: En la configuración del APN se registra el proxy de la compañía y a partir de ahí, el navegador incluido en el móvil o incluso algunos otros que instalemos automáticamente lo utilizarán para su tráfico web. Esta es la manera en la que casi todo usuario de Personal venía regalando su número de teléfono a todo sitio web que visitase con el móvil, pero como se puede ver, aún dejando este problema específico de lado utilizar el proxy de nuestras compañías de telecomunicaciones tercermundistas sigue revistiendo grandes desventajas.

Una forma de evitarlo es utilizar un navegador como Opera Mini que usa sus propios servidores, pero si queremos librarnos por completo lo bueno es que deshacerse de un proxy de Internet móvil es (por ahora) mucho más fácil que con un ISP tradicional: Sólo debemos editar en nuestro teléfono la configuración del APN WAP o de Internet (no tocar el APN MMS), borrando o deshabilitando los parámetros de la dirección y puerto del proxy. La única desventaja al hacer esto es que no tendremos acceso al portal móvil de nuestro operador, pero dado que en casi todos los casos se trata nada más que de un rejunte de servicios mediocres para sacarnos aún más plata, dudo que alguien lo extrañe.


Mar 9 2010

Los Letrosos

Gabolonte Blasfemus

image Generalmente vienen del mundo de la filosofía, las letras y el periodismo, y también de los sectores más ombliguistas, muertos o corruptos de cada uno, respectivamente. Pero todos poseen un par de sentimientos en común: Ya sea públicamente (si tienen la posibilidad de hacerlo) o para sus adentros y/o entre colegas, destilan un gran odio y desprecio a esa ya no tan nueva herramienta de comunicación nacida de Internet misma, pero que para ellos nunca dejará de serlo así cumpla 10 años: Los weblogs. Y más allá de que existen otras definiciones emparentadas bajo el mismo término, no encuentro una que le quepa mejor a este tipo de fauna: Letrosos. (Imagen vía emdot)

Por supuesto, no todo filósofo, escritor y/o periodista es uno de ellos, afortunadamente. Muchos de hecho aprovechan por completo las nuevas tecnologías y la web social en su propio beneficio, con la seguridad de que les esperan grandes oportunidades y de que pueden tener tanto o más éxito en ella como en los medios gráficos. Pero el letroso es distinto. Automáticamente asocian a “los blogs y todo eso” con un rejunte de monos que “apenas saben escribir”, metiendo en esa bolsa a todo aquel que no sea de su palo.

Por supuesto, la aversión a la tecnología y el miedo a aprender cosas nuevas es un elemento base de esta actitud, principalmente en mayores de 30, pero yo veo que existe algo más con esta particular gente; es como si en sus más oscuros deseos tuviera que ser necesaria una especie de carnet o identificación que habilite a cada persona al privilegio de ser leída o escuchada por las masas, algo que si no fuera gracias a Internet, aún sería de esa manera. Y eso es lo que muy adentro de su cerebrito de palabras más odia un letroso: Esa libertad de expresión que ellos no dejan de ver como libertinaje, y principalmente como competencia.

image Y es que antes las cosas eran mucho más fáciles. La masa imberbe no tenía mucho para elegir a la hora de decidir quien moldearía sus opiniones y pensamientos, debían sí o sí quedarse con las negociadas influencias provenientes de los grandes medios, esos por los que nuestros amigos letrosos lucharon y entregaron hasta lo innombrable en muchos casos para poder ser parte, independientemente de lo buenos o no tanto que fuesen profesionalmente en lo suyo. Y es por eso mismo que ven como una injusticia universal que ahora cualquier hijo de vecino pueda ser leído, visto o escuchado por miles sólo en base a sus propios atributos o talentos, y sin necesitar de ningún permiso concedido por la pertenencia a cierta logia o gremio. Pero se pone aún peor para esta buena gente si pensamos en todas las ocasiones que negligencias, censuras y engaños, principalmente en el entorno periodístico, han sido destapados por un mísero blog, poniendo en evidencia la otrora incuestionable calidad y veracidad de estos profesionales letrosos, por la cual ahora tienen que rendir examen de manera permanente y de a par a par con cualquiera que quiera hacerse escuchar. (imagen vía Nationaal Archief)

Consecuentemente a lo expuesto, para un letroso la posibilidad de mejorar y abrazar las nuevas tecnologías dentro de su labor está sometida a un gran condicional en su mente: Nosotros sí podemos, pero ellos no deben. Así como no cualquiera puede publicar en un diario o libro sin el beneplácito de grandes medios y editoriales, y sin ser parte de ese ambiente en particular que nuestros amigos consideran superior a todos los demás, pareciera que sus mayores anhelos corren por la misma vertiente en lo que se refiere a la posibilidad de publicar en la web, el cual esta gente, dentro de sus limitaciones, no deja de ver ni más ni menos que como un nuevo modelo de imprenta. ¿Y a quién se le ocurre que los brutos imprenteros tengan derecho a publicar sus ideas a la par con ellos?

Eso es, lo que a ojos de un letroso, somos los geeks en relación a esa nueva e indescifrable imprenta que representa la web para ellos. Sumémosle que cualquiera puede tener y mantener un weblog hoy en día sin muchos conocimientos técnicos, algo gracias a lo que realmente todos pueden publicar en la web, incluidos ellos mismos, y el caos es completo. Para un letroso, el imprentero sólo tiene que aparecer para que le corten la cabeza el día que la imprenta no funcione, o en este caso, que el blog no cargue o la PC se cuelgue. Pretenden que seamos meros esclavos técnicos de esa herramienta que muy a su pesar necesitan utilizar para seguir haciendo lo que ellos consideran su magia. Y los geeks/imprenteros no deben existir para nada más que para su mantenimiento.

Y más allá de sus relativos éxitos o fracasos, ya que hay letrosos para muchos gustos y calidades, podemos reconocer fácilmente a estos especímenes porque tarde o temprano expresarán, de una forma bien directa o no tanto, ese deseo incontenible que poseen de que no cualquier salame pueda escribir y ser leído por muchos, sino únicamente salames con las mismas credenciales que ellos poseen. Muchos, incluso, no soportan de por sí ver la clásica estética cronológica de un weblog; tienen su visión adaptada para reconocer como válidos sólo a sitios web con el típico aspecto de diario o revista online. No es de extrañar entonces, que muchos letrosos estén totalmente de acuerdo con las movidas dictatoriales que emprenden sus papás abusivos, los grandes multimedios, en contra de la verdadera libertad de expresión y la neutralidad de la red, a base de sembrar FUD, acciones judiciales y oscuras alianzas con telcos.

Y ahora, gracias a este hermoso artículo de manos de un imprentero de la Internet, van a saber reconocer a un letroso muy fácilmente, oh amigos del anarquismo de las letras (?)


Oct 15 2009

Cuando Internet era un privilegio en la oficina

Gabolonte Blasfemus

Aunque cada vez se muera más gente por hambre, enfermedades y guerras en este loco, loco mundo, es curioso como en otros aspectos, al menos una pequeña parte de el, muestra avances en tecnología que nos podrían poner muy optimistas si, claro, viviésemos en una nube de pedo permanente. Uno de esos avances es la creciente omnipresencia de la conectividad a Internet, que lo podemos ver en ejemplos como los de zonas alejadas del interior de nuestro propio país donde es posible encontrar lugares con acceso Wi-Fi pero sin red eléctrica, o como la movida que está impulsando el gobierno finlandés, el cual definió como un derecho de cada uno de sus ciudadanos el contar con una conexión de banda ancha de al menos 1 Mbps. Y sin mirar tan lejos podemos observar como hoy en día hasta al que atiende un quiosquito se le instala una PC con acceso a Internet para que pueda trabajar, aunque seguramente se pase luego el 90% del tiempo pelotudeando en Facebook o en fotologs.

image Pero hoy nuevamente me puse bostálgico, y me acordé de esos años locos en los que la banda ancha era una promesa de un futuro  que todos añorábamos y nuestro triste presente era el dial-up. Una época en la que los accesos a Internet se medían con cuenta gotas, a base de discriminar computadoras por IP y usuarios por contraseñas, todo en pos de repartir de la forma más eficiente posible esas gotitas de conexión al mundo en una época de amplios desiertos entre redes. Y me acordé de dos vejestorios en particular con los que me tocó lidiar para cumplir con tales menesteres: Uno de software y el otro de hardware.

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