Ene 23 2011

Dudas Existenciales (78): Cliente de segunda por ser geek

Gabolonte Blasfemus

imageAsí me sentí alguna vez, y en especial el martes pasado, cuando me dispuse a realizar una tarea rutinaria de mi vida: Ir a un café o restaurant a usar mi netbook mientras disfruto de algún refrigerio. Y sí, hasta me sentí afectado por esa palabrita tan fuerte sobre la que escribí hace poco.

En primer lugar me gusta dejar en claro que no soy el tipo de cliente estereotipado y aparentemente temido por todo negocio gastronómico cuando piensa en ofrecer Wi-Fi a sus comensales: No me cuelgo 4 horas con sólo un cafecito o una gaseosa. Generalmente es al contrario, y hasta suelo pedir de más. Normal es que me quede dos horas en las que seguramente habré ordenado uno o dos cafés de los más caros, gaseosa, más algún sándwich o postre. A mí y a mi estómago nos gusta pasarla bien mientras trabajamos o nos actualizamos un poco con lo que pasa por nuestros canales de información habituales en Internet. También es normal que deje buenas propinas, a veces superando el riguroso 10% que pocos cumplen.

Dicho esto, tengo que expresar con más razón que lo sucedido ese día me molestó bastante, ya que se trataba de un local al que concurrí en numerosas ocasiones y donde al menos conozco bien a uno de los mozos, con el que jamás tuve ningún problema. Sin embargo esta vez me tocó otro, que no sé si sería alguien nuevo. Para ponerse en situación hay que considerar que este restaurant en particular tiene un primer piso que, aunque correcto y algo cálido, es muy inferior en superficie y bienestar a la planta baja, sumado a que encima la mayor parte del mismo está tomada para el área de fumadores, otros parias pero que en cuyo caso presentan buenos motivos para serlo (nadie quiere compartir sus ganas de morir de cáncer de pulmón mientras se asquea respirando humo). Nunca tuve problemas en quedarme y consumir mientras me conecto tanto en un nivel como en el otro, salvo por esta ocasión, en la que el mozo en cuestión intentó sugerirme amablemente que “Wi-Fi es arriba” y que “son normas del establecimiento”, porque “se quedan mucho tiempo”. No sabía si quedarme igual, ya que claramente no pensaba incomodar al local quedándome por cinco horas, o hacerle caso, comerme la molestia de que ya había abierto y arrancado mi netbook, y subir al primer piso; al final ninguna de las dos me pareció correcta, por lo que así como arranqué mi portátil la apagué y me fui a otro lugar cercano, donde estaba seguro que jamás me vendrían con ese desubicado desplante y me tratarían con la cordialidad habitual y de la que como cliente regular en especial gozo.

imageDe todas maneras me considero afortunado, casi nunca me pasó algo así, aunque he leído varios casos en los que sí, y en especial sobre la nefasta visión que tienen ciertos gerentes y encargados sobre el cliente que apoya una portátil sobre la mesa.

Sucedido todo esto, me quedé con unas cuantas ideas para elaborar. En primer lugar traté de imaginar qué podríamos tener de molesto o repulsivo en la trasnochada mente de algunos mozos y encargados de locales gastronómicos los clientes que usamos una computadora portátil mientras consumimos, que aquellos que no. ¿Será que tienen miedo que los demás clientes se quejen de que los enferma o los deja estériles la radiación electromagnética que emana de la computadora? No creo, el celular que todo el mundo lleva encima emite mucha más y nadie se queja. ¿Temerán que la franja de analfabetos digitales dentro de su selecta clientela se sienta perturbada o amenazada por gente que puede operar una computadora mientras toma un café y se manda un panini? También lo veo difícil.

De hecho, si es por ese miedo irracional que muchos gastronómicos tienen a que el cliente consuma poco y se quede mucho, no veo la diferencia de que no pueda suceder lo mismo con el que se queda leyendo el diario o una revista, llenando crucigramas, estudiando, charlando con un amigo, o hablando y mandando mensajes por el celular. ¿Si fuera con una tablet a lo mejor molestaría menos? Si en vez de conectarme a Internet desde la notebook/netbook, lo hiciera desde mi smartphone, ¿les daría la sensación de que me voy a quedar menos y entonces no me dirían nada?

Pero aún hay un factor más indignante que considerar. Muchos defensores de débiles pueden esgrimir el repetitivo argumento de que lo que molesta es que se abusen por horas de la conexión a Internet que pone y paga el local mientras consumen un café de menos de AR$ 10, y lo graciosamente repulsivo de tal excusa es la cantidad de veces que nos vemos claramente estafados a la hora de ingresar a un local que promete, vía los ya ubicuos stickers en su vidriera, acceso Wi-Fi a Internet para sus clientes. ¿Cuántas veces nos encontramos con redes inalámbricas con escaso o nulo acceso a Internet, cortes permanentes, o directamente inexistentes? Yo al menos, la mitad de todas las veces que fui a un local de comidas o bebidas. De hecho, le aclaré a este mozo desubicado en particular que si el problema era que pudiera abusarme de su mugrosa conexión Wi-Fi, no tenía problema alguno en pasar olímpicamente de ella para conectarme directamente por el acceso 3G de mi netbook o de mi smartphone, los que todo el tiempo me salvan de no perder tanto mi tiempo (y vuelvo a remarcar tanto) cada vez que soy estafado al consumir en un lugar que anuncia tener acceso Wi-Fi y que luego no funciona o no existe.

imageY esa es la duda existencial que más resuena en mi cabeza esta semana: Ellos se quejan de que los clientes con notebook/netbook, cual si fuésemos una horda de indeseables pertenecientes a una única y nefasta clase o casta, nos quedamos más que el resto de los mortales y ocupamos tiempo en las mesas que podrían ser, supuestamente, para otros clientes que ingresen más tarde. Y esta buena gente, ¿cuánto tiempo nos hace perder a nosotros cuando ingresamos, ordenamos algo engañados por el anuncio de un acceso Wi-Fi que no sirve, todo para luego ver que el mismo es una reverenda porquería, y como ya pedimos y no es correcto irnos así perdamos decenas de esos valiosos minutos, que a ellos tanto les hace sufrir que pasemos dentro de su establecimiento, intentando hacer nuestras tareas desde su basura de conexión? A mí, personalmente, muchísimos, incontables, y en muchos casos finalmente después de perder media hora o más termino usando mi propia conexión 3G, que me pago yo solito. Y encima después los malparidos se quejan de que nos quedamos mucho tiempo. No, muchachos, no, yo sé que tienen tantas ganas como yo pero las molotov se preparan para cosas más importantes…


Mar 9 2009

La impresora y el decorador de cafés

Gabolonte Blasfemus

Todos los días uno puede llegar a observar cosas sorprendentes, y una de estas es que haya gente que se dedique, con una habilidad profesional, a hacer dibujos y motivos decorativos sobre una taza de café, usando como material el mismo café, leche, y un poco de salsa de chocolate:

Pero si quieren volverse aún más locos, veamos a alguien que, al carecer de esta habilidad artística, decidió hacerse directamente su propia impresora de cafés, usando para esto un Plotter Philips 8155:

Este fanático del buen café y su buena decoración incluso ofrece en su web instrucciones detalladas de la construcción de este artefacto, para que cualquiera de nosotros no tenga que privarse de disfrutar de un buen café decorado con el motivo de nuestra elección.

Vía Geekool.