Por una de esas rebuscadas vicisitudes de la vida por estos días tuve que visitar las oficinas comerciales de Timofónica, esas que están en el centro sobre la Avenida Corrientes, como una suerte de recurso final, luego de ya meses que llevo dando vueltas por teléfono con una traba tecnológica y burocrática por parte de esta empresa. Afortunadamente, y luego de arduas idas y venidas, mi problema (aparentemente, aún no quiero cantar victoria), fue solucionado por unas chicas de atención al cliente a las que les estoy muy agradecido, más allá de que se trataba de un problema que era responsabilidad de la empresa arreglar y de todo lo que me pasearon. Pero aún así no puedo evitar compartir con ustedes un episodio que aconteció mientras me hacían esperar, que de todas formas no involucra a las chicas que a mí me atendieron, sino a otras.
Entre todos los pobres clientes que llegan ahí ya descolocados y pidiendo a gritos una solución y que un responsable de la cara, había un flaco medio aparato el que, por lo que pude escuchar, tenía un problema no tan grave pero molesto: Le mandaron una factura donde el monto a pagar era $10 menos que lo que realmente debía abonar; aparentemente ni siquiera era una deuda a su nombre, sino (por lo que llegué a entender, no estoy seguro) del dueño anterior de la línea. Por lo cebado del tipo me imaginé que ya lo habrían paseado de lo lindo desde el 112 (tal cual como me hicieron a mí). La mina que le tocó atenderlo le salía con que había un acuerdo de no se que poronga y el flaco se ponía más loco todavía contestándole que un acuerdo se hace entre dos personas y que con él no hicieron ninguno. Finalmente saca diez pesos del bolsillo y le explica que él no piensa hacer toda esa cola (la cola para pagar en las cajas que era larguísima) para pagar $10, y que se los daba a ella, a lo que obviamente la empleada le contesta que ella no es cajera y que no puede cobrarle. Entonces el tipo le deja el billete y se va luego de ponerse más loco y quejarse un rato más. Acto seguido le piden a un empleado de seguridad que guarde el billete por si "el pelotudo este vuelve" (palabras de unas de las empleadas) mientras otros empleados del edificio les decían que compren con esa plata un kilo de helado o una gaseosa. A eso responde una de las chicas diciendo que "con diez pesos no comprás ni un kilo de helado" y otra más remata recalcando lo mismo y agregando que "encima era un rata", mientras se le escapaba una sonrisa.
Visto esto, y más allá de ciertos comentarios desubicados que tuvo este usuario que era evidente que fueron producto de la misma frustración que sentimos todos con estas empresas, no pude evitar sentir como con esa actitud estas empleadas ya no eran las víctimas de la empresa déspota que les paga un magro sueldo para servir de escudo humano entre esta y los clientes que estafan, sino que las hacía ingresar en la
categoría de cómplices, que no solo no se preocupan por las claras injusticias que se ven ahí con estar un rato haciendo la fila de atención al cliente, sino que encima se ríen de los afectados, o sea nosotros, los clientes.
De verdad en algún momento esto tiene que cambiar. Las compañías de teléfonos se privatizaron hace más de 10 años en este país pero todavía existen adentro empleados que se manejan de la misma forma que la típica empleada pública tan bien parodiada por Antonio Gasalla.
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Ponen el dedo en la llaga