Nov 28 2013

La disputa de los DPI

Gabolonte Blasfemus

Oh, los DPI, ese parámetro de los archivos de imagen, para algunos elusivo, para otros tomado en cuenta de una forma tan religiosa… o sea, con ignorancia y testarudez.

DPI (del inglés dots per inches, traducido puntos por pulgada) indica exactamente eso, la cantidad de puntos (o píxeles) de una imagen que se deben imprimir por cada pulgada, y por eso también se lo conoce como PPI (pixels per inches); son dos formas de denominar lo mismo. Y debemos remarcar imprimir, porque si hay algo muy importante a tener en cuenta con los DPI de una imagen es que sólo tienen relevancia cuando se la va a imprimir en un medio gráfico (papel, cartulina, cartón, etc). ¿Por qué? Porque dicho de otra manera, este numerito mágico determina qué tan espaciados estarán los píxeles de esa imagen en la impresión y, en relación al tamaño en que va a ser impresa, puede ser que exista o no pérdida de definición debido a los DPI que soporte la impresora. Pero eso es sólo si hablamos de imprimir.

ppi

De todo esto se puede deducir que en realidad los DPI o PPI no tienen injerencia alguna en la manipulación y exhibición digital de una imagen. Es sólo un número almacenado en los metadatos del archivo de imagen, y si se lo altera no cambia la resolución real, en píxeles, de la imagen (esto únicamente podría suceder si se tilda la opción de resampling, presente en algunas suites de edición como Photoshop donde, tomando un tamaño previamente definido, sí altera la resolución real en píxeles). Todas esas cuasi leyes de que si la imagen es para pantalla va en 72 dpi y si es para impresión va a 300 son simplemente mitos. El valor de DPI sólo tiene sentido a la hora de realizar la impresión sobre un material, porque una vez impreso no se le puede hacer zoom a una imagen, cuando en una pantalla sí.

Afortunadamente, existen muchos intentos mejores que el mío de explicar esto y de una forma mucho más amena y extensa, como Say No to 72 dpiMisunderstandings about dpi, o A JPEG picture doesn’t care about no DPI.

Ciertamente hay que decir que es una temática que puede resultar confusa, más para quien no es un profesional gráfico. El problema pasa porque es un mito que muchos (supuestos) profesionales repiten como mantra, amplificando la confusión.

No hace mucho me tocó toparme con uno de estos especímenes. Una diseñadora gráfica con la que, por ciertas circunstancias profesionales, terminamos en una relación que se podría calificar de tirante, a causa de haber competido por un proyecto y que mi propuesta fuera la ganadora.

El problema tuvo que ver con unas imágenes que yo debía colgar en un sitio web, pero cuyos originales manejaba ella, por lo que me tocó la difícil tarea de solicitárselas en la resolución que yo consideraba necesaria para su minuciosa visualización, ya que eran imágenes con muchos detalles, que por ende debían ser de muy alta resolución.

Yo presentía que si había rencor, algo tan fácil como pedir unas imágenes en la misma resolución que ya lo había hecho en una ocasión anterior podía convertirse en una pesadilla, y esta vez así fue. Primero me las envió en casi la mitad de los píxeles solicitados, no sin insistencia de mi parte, algo que por supuesto no alcanzaba para lo que necesitaba. Hasta que finalmente, ante mi exigencia de una resolución precisa, vino el argumento de los DPI: “¿A cuántos DPI?”

moss

No importó intentar explicarle ni darle como referencia algunos de los links anteriormente citados. La respuesta fue tan ciega como cortante: “Sí importan los DPI” (omito faltas gramaticales para comodidad del lector). Conclusión que no hubo forma de convencimiento alguna para quien luego se ofendió por ponerse en duda su profesionalidad.

El consejo: Si alguna vez tienen la desdicha de entrar en discusión con alguien que malinterpreta el uso de los DPI y sólo pueden conseguir que lea un link, envíenlo directamente a Say No to 72 dpi, donde hasta hay imágenes de ejemplo publicadas en distintos DPI pero con la misma cantidad de píxeles que, por supuesto, se ven exactamente igual en pantalla.


Jun 13 2013

“brindanos por favor tus datos y nos pondremos en contacto…”

Gabolonte Blasfemus

social media expertAño: 2013.

Términos/conceptos como social media ya no son ajenos al vocabulario de cualquier profesional ligado a entornos corporativos, incluso no son extraños al común de la gente. Sin embargo, es moneda corriente, cuando se hace cualquier consulta o reclamo vía redes social a una compañía, en especial las que proveen servicios de telecomunicaciones pasando desde la telefonía celular al webhosting, recibir un mensaje mecanizado similar al siguiente en respuesta:

“Hola Putoel Quelee ! Por favor brindanos por MP tu número de línea, cliente y/o calzones así podemos contactarnos telefónicamente con vos para asesorarte. Nos aseguraremos de que te llame nuestro drone más inútil, en el momento menos oportuno, y que te tenga colgado en la línea por al menos una hora.”

Esta respuesta (ok, algo parecido) la recibí por un mensaje que dejé en el muro de Facebook de dicha empresa. Este tipo de respuesta bien puede ser generada por un software o un simio levemente entrenado, y así ahorrarse un sueldo de community manager; de paso si nos quedamos con el simio vamos a ver que es más inteligente y simpático que el community manager o el empleado del callcenter.

social-media-monkeyEs entendible que muchos reclamos son por problemas y situaciones específicas del usuario, por lo que se hace necesario conocer sus datos para intentar ayudarlo. Aún así, el otro día recibí este tipo respuesta tan sólo por preguntar a una operadora móvil si el precio de uno de sus terminales a la venta, listado en su web, incluía impuestos y era válido para altas a través de pases por portabilidad numérica. ¿Acaso tienen un precio distinto para cada cliente?

Año 2013, y todavía no entienden que si alguien les hace una consulta por una red social, es porque valora su tiempo y quiere escapar de malgastarlo en idas y venidas con el roto esquema de atención de los callcenters, diseñado para ganar por cansancio y servir de línea de contención entre los que ganan la plata y los que se la dan.

 

 


May 8 2013

Tecnología, costos, y mucho contraste (según tu lugar en el mundo)

Gabolonte Blasfemus

Anteojito 18 KilatesEn esas charlas de café donde uno se sienta a filosofar sobre el mundo suele pasar que a veces hablamos de cuántas cosas no cambiaron con el paso del tiempo, desde elementos cotidianos a los objetos más inverosímiles. Podríamos decir que uno de esos objetos son las revistas de toda la vida; las de papel, las que aún se compran en el kiosko de diarios y hay que pasar la página para seguir leyendo (como en Flipboard, vistess?). Por más que hayan avanzado y mejorado las tecnologías de impresión y distribución, sigue siendo tinta sobre papel. Pero no, algunas cosas cambiaron…

Las tácticas de marketing no son en absoluto desconocidas para estos dinosaurios de la distribución de contenidos, no. Si cuando era un tierno niño me maravillaba porque la Anteojito 18 Kilates traía para Navidad un exclusivo juguete, no de cartón ni papel, sino de plástico y haciendo bulto, hoy ya no nos sorprendemos con nada: Los juguetes en las revistas infantiles son moneda común, y ya se han visto ejemplares de publicaciones para la mujer que vienen con desodorantes o una botellita de agua saborizada, o auspicios de otros productos femeninos. Pero seguramente, más allá de tener la idea o no, hace 10 años todavía no se podía hacer lo que se hizo en este último año.

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Ene 14 2013

No debería ser así

Gabolonte Blasfemus

Aaron SwartzEl mundo no debería honrar tan frecuentemente esa máxima que reza que toda buena acción será castigada. Los grandes lobbys deberían alguna vez encontrarse con algún freno a tantas acciones carentes de toda moral y ética que vemos todo el tiempo ser empleadas. Y tampoco uno tendría que descubrir lo fabulosa que es una persona a raíz de su muerte. No debería ser así.

Nunca había tenido la oportunidad de saber quién era Aaron Swartz, y lamentablemente tuve que hacerlo luego de enterarme de su muerte, la que en un principio se dice fue un suicidio pero en cuanto uno se pone a investigar un poco más se da cuenta que las cosas no están tan claras.

Si al día de hoy, como me pasó a mí hasta este domingo, desconocés de quién estamos hablando, tal vez debas saber que Aaron, ya a los 14 años, hizo una gran contribución al mundo de la tecnología, ayudando a diseñar las especificaciones del protocolo de distribución de noticias RSS, ese que desde hace años todo sitio o blog con contenido dinámico posee para que puedas enterarte de sus novedades sin tener que ir a visitar uno por uno. Sus otros dos logros más destacables fueron estar detrás de un sitio tan exitoso como Reddit y colaborar también en la creación de las licencias Creative Commons; sí, esas que tanto este weblog como tantas otras obras cuyos autores desean asegurarse de que puedan ser compartidas sin por eso perder derechos esenciales sobre ellas (como por ejemplo que se los reconozca como sus autores) usan todo el tiempo.

¿Y por qué pudo posiblemente haber cometido suicidio Aaron? Dicen que por una causa judicial que tenía el gobierno estadounidense contra él, que lo acusa de “robar” unos documentos digitales con estudios académicos de una red del MIT llamada JSTOR, para luego compartirlos públicamente en Internet. Sin embargo, quienes lo conocían a él o a los pormenores de este caso aseguran que es completamente falso y alevoso calificar de robo las acciones de Aaron, ya que sólo se dispuso a bajar archivos disponibles públicamente desde la red JSTOR; archivos que además jamás llegó a compartir. Por si esto fuera poco, JSTOR había retirado ya todos los cargos de los que se lo acusaba: Era el gobierno de su propio país el que continuaba tratando de meterlo tras las rejas por descargar unos archivos. Seguramente no tiene nada que ver con la firme posición que Aaron siempre tomó a favor de la libertad de información y en contra de los grandes lobbys del copyright.

Seguramente, como todo caso mediático, nuevas informaciones y desinformaciones estarán siendo anunciadas ahora mismo y seguirán durante los próximos días, pero lo quería decir es que, a cualquiera que nunca lo haya leído a Aaron, que vaya ya mismo y comience a leer su blog personal, RAW THOUGHT. No tengo idea de cuánto tiempo permanecerá online, así que si encuentran algo que les interese, hónrelo a Aaron haciendo un buen copy&paste para guardar algunos de sus escritos que, sinceramente, me dejaron pensando muchísimo y con ganas de leer y releer todo de vuelta; y créanme,van a querer guardarse muchas cosas.

A todo aquel que diga, como se suele decir de muchos muertos famosos, que Aaron Swartz era un visionario, un adelantado a su tiempo, o simplemente un genio, en este caso en particular le creo totalmente. Te lo vuelvo a recomendar, dejá ya mismo lo que estás haciendo (aunque fuera continuar leyendo mi weblog) y andá ya mismo a leer lo que Aaron tenía para contar.


Ene 6 2013

Dudas Existenciales (92): ¿Vale la pena comprar en una tienda de aplicaciones?

Gabolonte Blasfemus

Siendo de este lado del ombligo tercermundista, hay ciertas cosas que uno se las piensa bien y varias veces. Una de ellas, al menos para mí, es comprar en una tienda de aplicaciones. Claro, primero hay que poder; no todo el mundo en este bendito país está en condiciones financieras y crediticias de realizar una transacción electrónica con una multinacional de la tecnología. Pero una vez resuelto si podemos llega la gran pregunta: ¿Debemos?

¿Tiene sentido invertir en la compra de una aplicación a través de una tienda, sabiendo que debido a su sistema de seguridad no es realmente nuestra?

geek_hugCuando yo compraba hace 10 años una aplicación para Windows que venía en un CD, se podía decir que esa copia de software era realmente mía: Mi única traba para instalarla cuando y donde yo quisiera era el número de serie que me otorgaban al comprarla y la posible activación online con el mismo. Tal vez no podría instalarlo en 5 equipos simultáneamente, pero sabía que al menos, si no había ningún problema de compatibilidad de por medio, podía volver a instalarlo 10 años más tarde.

Con las tiendas de aplicaciones esa ilusión de eternidad de esfuma. Sí, en Android por ejemplo, si compro una aplicación puedo instalarla sin pagar nada más en todo dispositivo que asocie con mi cuenta de Google, pero… ¿tengo algún tipo de garantía que dentro de 5 años podré volver a hacerlo? Algo especialmente preocupante con aquellos juegos que  una vez instalados, y al ejecutarlos por primera vez, descargan por su cuenta los varios cientos de megabytes que necesitan para funcionar. Esos archivos, ¿seguirán disponibles para descarga cuando el juego sea obsoleto?

En Windows Mobile no existió el concepto de la tienda hasta recién en el final de sus días, cuando Microsoft intentaba con parches injertarle lo que podía de la receta exitosa del recién llegado iPhone. Entonces, un usuario de Windows Mobile promedio se procuraba su software descargando el archivo de instalación .cab, o el ejecutable para instalar a través de Windows y ActiveSync, y si era lo suficientemente precavido y prolijo se los iba guardando para futuros usos. Yo fui uno de ellos y si hoy necesitara, por la razón que fuere, reutilizar mi viejo teléfono con WinMo desde cero, podría instalarle cada una de las aplicaciones que en su momento tuvo. Seguro, estarían completamente desactualizadas (como la misma plataforma) pero, a menos que se trate de clientes de servicios online, serían tan funcionales como el primer día. El software sigue siendo mío con el paso del tiempo.

En una tienda de aplicaciones, en cambio, y por razones de seguridad obvias para combatir la piratería, no existe forma posible, al menos legal y que no requiera algún tipo de hacking, de quedarnos con el instalador de la aplicación para un posterior reuso. Toda futura reinstalación tiene que volver a realizarse a través de la tienda, y únicamente mientras se cuente con su beneplácito y aprobación.

De todas formas, la realidad es, más allá de la pregunta del título, que no contamos con una opción: Salvo en los casos donde se trata de software gratuito y el desarrollador pone a su disposición el instalador para su descarga directa (paralelamente a si pone o no la aplicación disponible desde la tienda) en el resto de los casos no nos queda otra que jugarnos y pagar; o recurrir al soft crackeado y todos sus problemas de ética, legalidad, disponibilidad, estabilidad y seguridad. Y eso, claro, si hablamos de una plataforma como Android donde Google y sus OEMs son tan buenos que al menos nos permiten instalar aplicaciones por fuera de la tienda; no como le sucede a todo usuario de un dispositivo iOS que, a menos que se arriesgue al jailbreaking, está encadenado a instalar únicamente software desde el Apple Store.

Yo antes era completamente reacio a desembolsar algo en una tienda de aplicaciones, pero con el tiempo y al ver el potencial y futuro de Android me terminé animando, pero solo con aquellas que no significaran un gasto muy grande o que estuviesen en oferta con alguna rebaja importante. Aún así me lo sigo pensando muy bien cada vez que aparece algo interesante.

Y vos, ¿cómo te llevás con tu tienda de aplicaciones?