may 11 2012

La Singularidad, arruinada por el dinero

Gabolonte Blasfemus

Siempre me vi interesado en la idea de estilo ciberpunk que definen con el término Singularidad y se hizo bastante conocida por estos años en medio de alabanzas a Ray Kurzweil, un de sus más acérrimos promotores. Pero, ya desde mi no tan tierna adolescencia donde leía ejemplares de la revista Muy Interesante prometiendo que los avances tecnológicos y científicos barrerían del seno de la humanidad la enfermedad, la vejez y hasta incluso la muerte en un futuro, había algo que me quedaba picando. Y eso era que en el presente ya existen avances, y estos no son para todos. De hecho los más disruptivos son sólo alcanzables por una reducida elite. Entonces, la pregunta ya no es si en un futuro podremos vivir para siempre como seres digitales, sino a cuántos se les permitirá la posibilidad de conseguirlo.

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, me encuentro con este video creado por un genio llamado Tom Scott que refleja un futuro muy plausible cuando ya sea posible vivir en las redes. Se titula Welcome to Life: the singularity, ruined by lawyers (Bienvenido a Vida: La singularidad, arruinada por abogados), donde Life (o Vida) vendría a ser un sistema informático capaz de concretar este anhelado sueño de que exista un yo digital de nosotros mismos una vez que hayamos fallecido. Pero eso sí, con algunos detalles (con el botón CC podés elegir los subtítulos en español):

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feb 26 2012

Dudas Existenciales (88): ¿Nos une el espanto?

Gabolonte Blasfemus

imageEsta semana fue una bastante particular en baireslandia. Tal vez no haya mucho para opinar que ya no se haya hecho; basta decir que el olor a podrido de todo lo acontecido llega hasta la Patagonia. Pero en medio de todo este desastre y horror pude llegar a percibir un curioso fenómeno, que estoy seguro que se repite y que deseo compartir con ustedes, al menos para confirmar si soy el único loco que lo nota.

Como usuario ocasional de la nefasta línea de trenes protagonista de esta semana me vi obligado a utilizarla al día siguiente de la reciente tragedia, y pasar por ese lugar donde horas antes tanta gente sufrió y murió. Iba a viajar el día anterior, pero al enterarme de lo sucedido di gracias que no me tocó a mí ni a ningún conocido, y afortunadamente podía esperar al día siguiente.

Mi curiosa sorpresa sin embargo fue cuando llegué a la estación del desastre. Cámaras, policías, pasos restringidos, zonas cubiertas del escrutinio público, obviamente las adyacentes al siniestro. Hasta ahí todo lógico. Lo raro fue comenzar a ver otras situaciones y vistas: Demasiadas cámaras televisivas para mi gusto, apuntadas en todas direcciones, por lo que contra mi voluntad debí haber sido registrado al menos por tres; gente comiendo en el piso del hall de la estación, no por ser indigentes que comían del piso, sino más bien como si fuese un picnic, aunque a lo mejor estaban esperando algo; grupos de personas hablando entre ellas con la misma soltura que la de unos amigos que se juntaron a pasar el rato; y, para confirmarme que algo raro había en el ambiente, chicas, de diversas edades, lindas, arregladas, con vestidos llamativos, algunas usando anteojos oscuros, destacando del homogéneo paisaje de costumbre como raras veces sucede por ese lugar. Todo junto, en ese momento y en cierta cantidad llamativa. No se si sería yo y algún insospechado costado psicópata de mi mente, pero hasta podría llegar a afirmar que existía un clima cuasi festivo en el aire, de juntarse para divertirse o llamar la atención. No de duelo, o de tristeza; eso no lo vi por ninguna parte (obviamente esto fue antes de acontecimientos violentos que ocurrieron al día siguiente por encontrar el cuerpo de un chico). ¿Qué estaba pasando?

imageComo me encanta hacer teorías, cuanto más alocadas mejor, y esta sección es el lugar ideal para eso, acá va una, que a lo mejor no es tan alocada: El morbo. El mismo morbo que nos tuvo enganchados mirando todos los videos del accidente, el mismo que hace que ante cualquier catástrofe todo el mundo pase lento y no deje de lechuzear como si estuviera viendo alguna clase de revelación, o un escote muy agraciado. Esa sensación de fiesta, de encuentro, es nada más que el desenlace lógico del negado placer que nos produce ser testigo de desgracias ajenas: La segunda parte del placer es compartirlo con otros. Es como cuando uno se junta con los amigos a ver los partidos del mundial, tiene un motivo, un hecho jugoso para compartir con los demás y matar por unas horas el aburrimiento. A eso le podemos sumar el ingrediente del combo superficialidad + narcisismo, que explica bastante bien el ver gente inusualmente arreglada el día que a cada paso se encontraba una cámara de TV.

Esta teoría puede causar repulsión y rechazo entre muchos, principalmente entre gente sensible, dramática, o involucrada en este u otros siniestros. A mi me causó rechazo ver gente que parecía pasarla bien y se quedaba dando vueltas en un lugar donde acontecieron tanto dolor y muerte, y mi catarsis es preguntarme por qué.

Posiblemente esa fue sólo una sensación mía, o tal vez una frugal combinación de imágenes que solo se dio en ese momento en que pasé, en ese día. Pero también recuerdo haber percibido situaciones similares en medio de otros desastres graves, y algo me hace preguntarme, recordando al famosísimo pasaje del poema de Borges, ¿será que nos une, o mejor dicho, nos junta el espanto? Tal vez, al menos de manera inconsciente para la mayoría, nos causa cierto alivio, o cierto placer, las catástrofes; hasta se podría aventurar que nos brinda una retorcida sensación de pertenencia. No porque nos alegre el sufrimiento de otros, pero sí tal vez porque, en ese día o en esa semana, todos tenemos el mismo tema de conversación para socializar; algo que nos une, igual que cuando llega el mundial.


ene 29 2012

Dudas Existenciales (87): El límite de la libertad

Gabolonte Blasfemus

imageBuenos días. Ante todo, agradezco encarecidamente la paciencia de quien es capaz de seguir las actualizaciones irregulares y fluctuantes de este weblog de bajo perfil que no hace SEO ni tiene múltiples redactores, y cuyo autor hace casi un mes que no lo actualiza, no porque haya estado pasando unas estupendas vacaciones en el caribe, sino más bien por índoles meramente particulares, como el tener una vida algo complicada.

Tal vez no sea ninguna casualidad. En tiempos de SOPA y PIPA, nuevos y enésimos embates del momento contra la libertad de esta criatura indomable que tantos dolores de cabeza genera a los poderes y damos en llamar generalizadamente Internet, también tenemos noticias deprimentes por casa, no exactamente similares, pero sí en la misma página: El control y el temor.

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nov 29 2011

El Bluetooth y la Gente (3): El amor está en el aire

Gabolonte Blasfemus

Si existe un conjunto palabra-concepto más nombrado, reverenciado y a la vez bastardeado, ese es el amor señores. Todos aseguramos entender de qué se trata aunque para algunos sea una buena noche de lujuria y para otras una cuenta bancaria, un departamento y un cero kilómetro. Aún así, muchos nos seguimos preguntando acerca de él.

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Y esas dicotomías, pasiones, alegrías y sufrimientos no pueden verse más que reflejados también en ese pequeño espacio binario dedicado a la expresión humana: El nombre Bluetooth de nuestros celulares y demás gadgets.

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nov 27 2011

Dudas Existenciales (86): La tarjeta SUBE ¿sabe lo que hiciste el verano pasado?

Gabolonte Blasfemus

imageHaber sido fiel seguidor de X Files en su tiempo es algo que siempre dejará secuelas en mi psiquis, como por ejemplo una sana paranoia que siempre me hace preferir el efectivo por sobre el plástico y la opción más anónima a la hora de realizar cualquier actividad, como por ejemplo, escribir en un weblog o participar en la social mierda media. Los idiotas útiles y agentes leales al control establecido suelen rebatir estas ansias de privacidad con el famoso axioma de “si no tienes nada que ocultar no tienes de qué preocuparte”, como si lo único que uno realmente quisiera ocultar fuesen crímenes de la talla de “Descuarticé a mi vecino y así llené mi freezer por dos meses gratis. Mejorá eso Carrefour!”. Y en realidad uno lo que tiene que ocultar es que le gusta andar en calzones en su casa pero tiene unos macetones terribles que no se quiere mostrar ni a sí mismo, posee una adicción imparable por la Coca-Cola Zero, o le cabe el onanismo de la mano de los videos de cocina de Narda Lepes. En el fondo creo que esconder todo lo que hacemos aunque no haga falta responde a la gratificante sensación de que somos tan importantes que tenemos cosas que ocultar. Aunque en los tiempos que corren, hasta lo más insignificante sobre nosotros puede ser importante para alguien. Por ejemplo, si te vas al mercado a comprar, a un analista de marketing le puede interesar a qué local fuiste y qué compraste, al Estado si pediste tu factura y pagaste todos los impuestos, a un delincuente a qué hora saliste de tu casa y cuánto tardás en regresar; y seguramente, a todos, cuánto gastaste.

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