Feb 2 2014

Disco rígido con mente propia = ideas impropias

Gabolonte Blasfemus

wdImaginate que, de la manera que sea, descubrís que infectaron tu PC. Ninguna solución antimalware parece erradicar los malos bits, por lo que procedés, mecánicamente, al mismo paso que cualquier haría: Formateo de disco y reinstalación de cero del SO. Cuando finalizás la instalación, descubrís que el malware de la instalación original continúa ejecutándose en la nueva. Ya, algo nervioso, procurás el medio de instalación más confiable que consigas y, luego de asegurarte de haber eliminado todas las particiones del disco, haber sobrescrito la MBR 2 veces, y haber reinstalado nuevamente el sistema sin siquiera haber copiado en el ni un solo archivo de la instalación original, volvés a encontrarte con el rostro del mal en tu propia computadora. Puede ser tranquilamente la pesadilla de todo geek, y ahora también sabemos que puede ser una realidad para algunos.

El especialista en seguridad Bruce Schneier es uno de los que le dedican completa atención a los ya famosos archivos filtrados de la NSA, y regularmente viene listando diversos artilugios de espionaje que figuraban en el catálogo del 2008 de la infame agencia, con nombres tan creativos como sus funciones, y que parecen sacados de una película de 007. Uno de ellos es IRATEMONK (que traducido al español sería algo como Monje Furioso), y se trata ni más ni menos de uno de esos fantasmas temibles cuyos cuentos espeluznantes nos quitan el sueño a quienes estamos en IT: Malware implantado en el firmware. Pero lo que hace especial a este monje es que no se refugia en un lugar ya común de la paranoia como el BIOS del motherboard de una PC, sino que lo hace en un lugar prácticamente ignorado y desconocido por la mayoría: La electrónica del disco rígido. Desde ahí, puede asegurarse que no importa cuantos reparticionados, formateos o instalaciones sufra, el sistema finalmente instalado siempre terminará teniéndola adentro. Eso significa que un blanco de espionaje, en tanto y en cuanto siga con su misma máquina y/o disco rígido, siempre tendrá su equipo comprometido, no importa cuántas veces instale desde cero el software.

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Dic 9 2013

Un mouse Bluetooth, múltiples sistemas operativos

Gabolonte Blasfemus
Genius Navigator 905BT Mouse

Un Genius Navigator 905BT rojo, mi primer mouse Bluetooth. Lindo pero dejaba que desear.

Hace ya un tiempo de algo que nunca pensé que haría: Comencé a usar un mouse Bluetooth. Es que quien haya jugado un poco en sus años mozos con esta tecnología que ya lleva tantos tiempo con nosotros sabe bien de sus inestabilidades, que a la larga lo vuelve impráctico para muchas situaciones y usos.

Y fue todo un cambio, porque además pasé de disfrutar de mi segundo Logitech Anywhere Mouse MX a un simple Genius, y la diferencia la sufría en cada movimiento del cursor, que pasó a ser bailarín de medio tiempo. ¿Por qué no fui por otro Logitech igual si después de todo es uno de los mejores (sino el mejor) fabricante de mouses? Impaciencia, paja, tacañería y eficiencia. Impaciencia de esperar hasta pasar por Galería Jardín a comprarlo, paja de ir ese mismo día sólo por eso, tacañería de pagar tanto (nuevamente) por un mouse que, aunque lo vale, lo que no vale es que por segunda vez me haya durado sólo un año luego de lo cual comenzó a fallarle el botón izquierdo; y finalmente eficiencia, porque estaba cansado de tener un puerto USB ocupado constantemente en la notebook, además de los problemas que conlleva a nivel suspensión del equipo los transceptores USB inalámbricos. Sorprendentemente, es la primera vez en muchos años que realmente le doy una utilidad real al adaptador Bluetooth de una PC, y la experiencia, aunque tortuosa al principio, no salió tan mal: Ahora sabía que iba a comenzar a usar mouses Bluetooth, solo que necesitaba algo mejor que un Genius.

El Logitech Anywhere Mouse MX, usé dos seguidos; a los dos les murió el click izquierdo al año de uso. Fuera de eso excepcionales.

El Logitech Anywhere Mouse MX, usé dos seguidos; a los dos les murió el click izquierdo al año de uso. Fuera de eso excepcionales.

No sos vos, es tu sensor óptico

Ahí la cosa se puso complicada, porque me di cuenta que un mouse Bluetooth de marca reconocida no es algo que precisamente abunde, y más si encima buscamos algo de mayor precisión, como por ejemplo tecnología láser. Los de Logitech son pocos y brillan por su ausencia, a tal punto que hasta desde su propia web se hace difícil ubicarlos. Después están los Genius como el que conseguí y, como novedad que me hubiese gustado probar pero también algo difícil de conseguir, un Verbatim que increíblemente es también Láser. Por último está la oferta de Microsoft. Microsoft, a quién veneré por su primer Explorer óptico que tantos años me supo durar y que varios después al querer volver a probar suerte nuevamente me decepcionó con la calidad. Pero al menos ahora Microsoft tiene una oferta interesante de mouses Bluetooth, aunque por momentos rara, como ese modelo de mouse que esencialmente parece una porción de queso. Al final después de un tiempo me decidí a intentar con el Sculpt Touch, que en vez de la ruedita de siempre tiene una tira plástica que oficia de mini-touchpad para pasar los dedos y conseguir un scroll multidireccional. No me terminaba de convencer porque tenía miedo que tuviera una fuerte dependencia de software para sus funciones especiales, algo que me limitaría esencialmente a Windows y me haría las cosas muy difíciles en Linux, pero me quedaba sin opciones y Microsoft (casi) siempre me demostró cierto estándar elevado en lo que a la calidad de su hard respecta. Otra cosa que no pensaba hacer, volver a un mouse de Microsoft. Pero, como hace 15 años ya decíamos, lo mejor de Microsoft es su hardware. Además, el Sculpt Touch no será láser pero en cambio incorpora algo que Microsoft bautizó como BlueTrack Technology y lo vende como más preciso y multi-superficie que la tecnología láser.

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May 8 2013

Tecnología, costos, y mucho contraste (según tu lugar en el mundo)

Gabolonte Blasfemus

Anteojito 18 KilatesEn esas charlas de café donde uno se sienta a filosofar sobre el mundo suele pasar que a veces hablamos de cuántas cosas no cambiaron con el paso del tiempo, desde elementos cotidianos a los objetos más inverosímiles. Podríamos decir que uno de esos objetos son las revistas de toda la vida; las de papel, las que aún se compran en el kiosko de diarios y hay que pasar la página para seguir leyendo (como en Flipboard, vistess?). Por más que hayan avanzado y mejorado las tecnologías de impresión y distribución, sigue siendo tinta sobre papel. Pero no, algunas cosas cambiaron…

Las tácticas de marketing no son en absoluto desconocidas para estos dinosaurios de la distribución de contenidos, no. Si cuando era un tierno niño me maravillaba porque la Anteojito 18 Kilates traía para Navidad un exclusivo juguete, no de cartón ni papel, sino de plástico y haciendo bulto, hoy ya no nos sorprendemos con nada: Los juguetes en las revistas infantiles son moneda común, y ya se han visto ejemplares de publicaciones para la mujer que vienen con desodorantes o una botellita de agua saborizada, o auspicios de otros productos femeninos. Pero seguramente, más allá de tener la idea o no, hace 10 años todavía no se podía hacer lo que se hizo en este último año.

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Oct 13 2012

El otro androide

Gabolonte Blasfemus

Siempre me resultó notoria la capacidad que tenemos los seres humanos para hacernos una idea establecida de algo con solo conocer a lo mejor una pequeña parte del todo. Algunos le llaman a esto prejuicio, mi profe de historia de 3er año le llamaba “cada cual cuenta según como le fue en la feria”.

Si hay algo que voy a extrañar del MM2 definitivamente es su teclado de hard, a pesar de su tendencia a fallar estrepitosamente

El punto es que hace algo más de año y medio abandonaba mi fiel (pero ya obsoleto y lento) HTC Touch Viva con Windows Mobile 6.1 en favor de lo que era cuasi obligatorio tener en materia de smartphones (si no te gusta que te la pongan, claro): Android. Digo, porque si te gusta siempre podés elegir iOS. Tratando en lo posible de seguir la regla de no-andar-por-la-calle-con-algo-que-si-lo-pierdo-me-las-corto, me vi rápidamente inclinado por la oferta de Motorola; era llamativo como a similares prestaciones los smartphones de Moto siempre costaban menos. Así me hice con mi Milestone 2 y conocí la desgracia de MOTOBLUR. Al poco tiempo, y mientras estaba contento con la interfaz responsiva y fluida de Android (al menos en comparación con lo que era la de WinMo), trataba de acostumbrarme a un teléfono que, cada tanto, se le cantaba el revire de reiniciarse solo en los momentos más inoportunos. Pero claro, no me podía quejar mucho, después de todo entre el rooteo y las más de 100 aplicaciones instaladas era obvio que algo podía estar trayéndome problemas; aunque la intuición y algunos indicios (que si me apuran a estas alturas ya no recuerdo) me hacían apuntar como culpable al inefable MOTOBLUR, que venía enquistado en la ROM oficial.

Hubiera tenido todo el derecho del mundo de pensar que “eso” era Android, y salir a decir que era una basura comparado con otras plataformas, pero algo me seguía diciendo que el problema era Motorola, que como suele suceder, lo barato sale caro. Un día, y sin saber exactamente como podía terminar por culpa de la historieta de los bootloader bloqueados de Moto (ahora sé que, para que no joda, las ROM cocinadas para los Moto pisan todo menos el kernel), me animé a deshacerme de la ROM de stock con la que había venido mi Milestone 2 en favor de una versión de MIUI adaptada al mismo que prometía. Ahí conocí otra cosa, pero aún así tuve otros problemas, normales cuando uno se arriesga a usar una ROM no oficial, aunque en este caso estas apestaran infinitamente menos que la oficial.

Como dije, para mí o para cualquiera cuya entrada a Android hubiera sido a través de un Motorola como este, no sería criticable si después de la experiencia no quiere ver un robotito verde en su vida.

Pero un día regalé un LG Optimus ME, que a pesar de ser un gama ultrabaja (y conseguirlo a un precio increíble de pensar en otro tiempo para un smartphone con sus prestaciones) se mostraba años luz más estable que mi Milestone 2. Esta bien, a este no le hice root y tampoco le instalé medio Google Play (ni tampoco es que se pueda con su ínfima capacidad de almacenamiento), pero aunque tenía sus demoras dignas de su austera economía, rara vez se colgaba. Esto me hizo confirmar que no estaba tan equivocado cuando culpaba a la MotoroLoca. Pero aún faltaba lo mejor.

Los rumores decían que las ROM de la línea Galaxy de Samsung era definitivamente “otra cosa” comparado a los desastres que uno podía encontrar en… bueno, Moto más que nada. Por supuesto había tenido oportunidad de jugar con algunos, pero nunca lo suficiente como para poner a prueba cuánto mejor eran comparativamente hablando. Hasta que cambié mi ya viejito Milestone 2 por un Galaxy S3.

Hellooooo beauty…

Señores, esto sí es una ROM con todas las letras. Claro, el precio será otro, pero sospecho que a nivel calidad y ciertas prestaciones no dista mucho de lo que tiene un Ace. Y uno se da cuenta de que es otra cosa cuando ya no piensa en salir corriendo a bajarse el mod más aclamado; no vaya a ser cosa de que me deje de andar algo.

Esto no es una gran revelación por supuesto pero, de acuerdo al fabricante que se elija, la experiencia, y por ende la opinión que se tenga luego de Android, puede ser el día y la noche. Otra similitud que justifica el dudoso privilegio que ostenta Android de ser llamado el Windows de los smartphones (que personalmente no me parece algo malo, Windows permitió que muchísima gente pueda llegar a usar una computadora, y lo mismo pasa ahora con Android y los smartphones).

No sé si Google hará algo bueno con la M murcielaguesca además de usarla sólo por sus patentes, pero mientras tanto el único consejo que puedo dar es: Nunca compres Motorola (al menos mientras Google no haga algunos cambios), desembolsá algo más (o aspirá a unas especificaciones menos) y llevate un Samsung, un HTC o un LG. Si los androides fueran hobbits, los Moto son Gollum.


Mar 22 2012

Aceleración de gráficos por hardware en Linux para AMD Fusion

Gabolonte Blasfemus

La tecnología de AMD conocida como Fusion (o Vision), que integra en un mismo chip el procesador principal y el dedicado a los gráficos, formando lo que llaman APU (Accelerated Processing Unit), tiene ventajas que la postulan como una interesante elección, y hoy en día la podemos ver en muchos portátiles. Pero uno de los inconvenientes que presenta, como toda tecnología relativamente novedosa, es un soporte completo de controladores por parte de otras plataformas más allá de Windows (en la que los fabricantes de hardware se encargarán desde un principio que este exista). La situación más común se da con Linux, que a pesar de contar con uno de los repositorios de controladores más completo, suele quedarse rezagado en ciertos casos, justamente, por esta misma falta de interés.

Y este es uno de ellos: Desde que tuve mi notebook con un AMD E-450 que integra una GPU ATI Radeon HD 6320 una de las primeras tareas que acometí fue instalarle Ubuntu 11.10, Oneiric Ocelot. Ni la última versión de la distro de Linux más popular con sus últimas actualizaciones fue capaz de utilizar el hardware de aceleración gráfico de mi APU, y aunque el escritorio de Unity (la interfaz por defecto de Ubuntu) se veía excelente, el controlador utilizado era uno genérico que hacía el trabajo mayormente por software y modos de video VESA; esto significaba nada de aceleración 3D y cero chances de ver una película sin saltos. Aún así, Oneiric ofrece la instalación de drivers propietarios de AMD, pero que lamentablemente son anticuados y terminan funcionando peor que el genérico.

Posiblemente así como está nos podremos arreglar bastante bien para todas las tareas que normalmente hagamos en nuestra Linux Box movida por un Fusion, pero si por algún motivo necesitamos aceleración de hardware para, por ejemplo, jugar un FPS o ver un video sin saltos, notaremos claramente esta falencia.

La buena noticia al respecto de esto es que AMD lanzó sus propios drivers (privativos, claro está) que soportan perfectamente su línea de APUs; la no tan buena es los deberemos instalar a mano nosotros, pero tampoco es tan difícil, si hasta yo lo hice.

  1. En primer lugar deberemos ir a la página de soporte de AMD, desde donde seleccionaremos de toda la línea de productos nuestro modelo exacto de APU y el sistema operativo, en este caso Linux, de 32 o 64 bits, de acuerdo a lo que tengamos en nuestro equipo. Desde ahí descargamos el controlador apropiado.
  2. Luego, y siempre según las instrucciones de la ayuda de Ubuntu, debemos habilitar el repositorio de código fuente en los Orígenes de Software, algo por lo que no hay que preocuparse demasiado ya que a mi no me dejó hacerlo mi Ubuntu y sin embargo todo salió bien.
  3. Abrimos la consola e ingresamos el clásico sudo apt-get update para actualizar la info de todos los repositorios, y a continuación instalamos las librerías QT4, si no es que ya las tenemos, con sudo apt-get install libqtgui4.
  4. Una vez hecho todo esto, nos vamos con la consola a la carpeta donde descargamos el archivo con los controladores de AMD, y lo invocamos de la siguiente manera: sudo sh amd-driver-installer-12-2-x86.x86_64.run –buildpkg Ubuntu/oneiric. En este ejemplo el nombre del archivo descargado es sudo amd-driver-installer-12-2-x86.x86_64.run, pero claro está que este puede ir cambiando a medida que avance la versión, por lo que deberemos ingresar exactamente el nombre del archivo que descargamos. Actualización: En las versiones más recientes de este binario de AMD solo hace falta ejecutarlo sin parámetro alguno y aparecerá un asistente gráfico que nos guiará por el proceso de instalación automáticamente, con lo que no hace falta hacer nada más.
  5. El instalador se irá encargando de descargar algunas dependencias que necesite, y cuando finalice va a generar en la misma carpeta en la que estaba tres archivos .deb y uno .change; los primeros deberemos instalarlos, y podemos hacerlo de una vez para los tres mediante el comando sudo dpkg -i *.deb, el último es un archivo de texto que contiene información sobre los cambios relativos a este paquete.
  6. Una vez instalado todo, ejecutamos sudo aticonfig –initial y reiniciamos nuestro Linux. Si todo salió como debería, este arrancará cargando los nuevos drivers para nuestra ATI.
  7. Para confirmar que efectivamente se cargaron los drivers de AMD ingresamos en la consola el comando fglrxinfo, que nos devolverá el siguiente resultado en caso de estar todo ok:

fglrxinfo Pantallazo del 2012-03-20

¿Pero qué mejor que probar la efectividad de estos drivers jugando un poco de OpenArena?

OpenArena Pantallazo del 2012-03-12