Innumerables veces he leído u oído hablar de la confianza que genera el código abierto por sobre el cerrado, cuan mantra capaz de lavar cerebros en masa, y por lo general termino haciéndole a esa gente la siguiente pregunta: ¿Revisás el código y compilás vos mismo todo el software que utilizás?
El reciente caso de una extensión de Firefox comprometida nos enseña eso. En esta ocasión se trató del paquete de lenguaje en vietnamita, el cual, mientras que en su código fuente se advertía limpio, en su versión compilada (la que habrán descargado el 99% de los interesados) contenía un gusano de Internet que se ejecuta en Windows, creyéndose que esto sucedió porque el paquete fue compilado en una PC con este sistema operativo ya comprometida.
Más allá de que el asunto también dispara alarmas concernientes a cómo es posible que la corporación Mozilla llegara a alojar en sus servidores oficiales un archivo infectado, esto también nos alerta sobre la excesiva confianza, la que se ve en muchos nuevos convertidos del software libre, que se creen herederos directos de Richard Stallman nada más que porque hace unos meses aprendieron a instalarse el Ubuntu y a escribir una líneas en PHP. Y la moraleja es que, mientras el código abierto en sí brinda mayores garantías en cuanto a la seguridad, también puede llegar a ofrecer una falsa sensación de ésta, principalmente para quien no puede, por falta de conocimientos, tiempo, ganas, o los tres, revisar y compilar cada paquete de software que vaya a utilizar; en este caso la mayoría de nosotros pobres mortales. Sí, posiblemente siempre existirá alguien que revise el código, lo compile, lo compare con el binario disponible en el sitio de descarga, y alce la voz en caso de encontrar algo extraño, pero, ¿podemos asegurar que todos los proyectos open source existentes poseen al menos a uno de estos ángeles guardianes realizando esta acción por cada nuevo release? Podemos apostar que no. Y es por eso que me parece estúpido cuando algún fanboy de Firefox descalifica a Opera por ser simplemente de código cerrado. Nada es tan negro ni tan blanco. El código abierto es fabuloso pero no nos volvamos extremistas.
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Ponen el dedo en la llaga