El verdadero valor del Bitcoin: Revelar la realidad como es

Gabolonte Blasfemus

bitcoinRealmente, nunca fui algo así como un fanático de los bitcoins, ni siquiera podría decir un entusiasta. Cuando lo descubrí ya sentía que estaba llegando tarde si pretendía minar, y más tarde lo comprobé. Y así como no disponía de ahorros para invertir en GPUs en su momento (o ahora directamente en miners por hardware) tampoco los tengo para especular con su suba de precio, si es que realmente lo viera viable. Sí me parece tremendamente interesante el concepto, un desafío a como las sociedades piensan la economía y el funcionamiento de una moneda. Lo que es seguro es que a estas alturas todo el mundo escuchó al menos de oido mencionar  su nombre y tiene una vaga idea de lo que es, aunque seguramente también muchas dudas y preconceptos.

No me interesa en lo más mínimo jugar a la futorología o al genio de las finanzas, y mucho menos me considero un gurú de la criptografía, por lo que no voy a ponerme explícitamente a favor o en contra del concepto de las criptomonedas. Lo que ciertamente me resulta de sumo interés es ver como se exponen ciertos hilos del poder, y todo se lo debemos al bitcoin.

En última instancia, en lo más básico, los bitcoins son unos numeritos, a los que mucha gente decidió darles tanta bola como para pagar y recibir dinero por ellos. Que luego se los considere como moneda real o no es secundario a esta simplificación extrema realizada con fines puramente didácticos. Son sencillamente números, a los que algunos les dan bola. No debería moverle un pelo a nadie, ¿no? Después de todo, no es que los gobiernos anden persiguiendo a todo interés poco convencional, como a los amantes de la gente peluda y aquellos a los que les va tenirse los pelos de color rosa.

Pero claro, los bitcoins (y las criptomonedas en general) no son cualquier fijación rarita de un grupito de frikis. Si los pueblos del mundo la aceptan como una moneda (o al menos un medio de intercambio) universal, muchos bancos, gobiernos e instituciones de poder van a temblar. El verdadero poder detrás del mundo se está preocupando.

 Algo así como cuando Alexander Grayson hizo la primer demostración de la energía geomagnética ante los holding petroleros del siglo 19

Algo así como cuando Alexander Grayson hizo la primer demostración de la energía geomagnética ante los holdings petroleros del siglo 19

Y si algo aprendimos de la historia (y los shows de TV con flojísimos guiones sobre vampiros empresarios – o empresarios chupasangre que es aún peor – ) es que cuando los poderes en las sombras desean destrozar algo sin quedar en evidencia directa recurren a dos estrategias básicas: Asociarlo con un concepto o elemento que se perciba muy macabro y oscuro en el imaginario de la gente y, para rematar, múltiples prohibiciones, persecuciones y medidas de desaprobación por parte de las instituciones conocidas.

En ese sentido fue como que toda la historieta de Silk Road no podía haberlo hecho mejor, llegando al punto, si nos calzamos los sombreritos de aluminio, de ponernos a pensar si esa no fue la idea desde el principio. De repente, todos los medios asociaron a Bitcoin con las dark nets (término que de por sí hace ver terrible algo que es puramente técnico) y con la única clase de gente y actividades que  según su desinteresado juicio pueden poblarlas: Traficantes, asesinos a sueldo, pervertidos de todas las variedades y, ya que estamos, agreguemos todo otro cuco contemporáneo como abusadores de menores, terroristas y bloggers hispanos.

Es de por sí sugestivo que al menos en la última década el 90% de las series norteamericanas sean sobre o tengan como protagonistas a policías, agentes del FBI o cualquier otra fuerza de seguridad gubernamental. Tenemos series se policías de ciudad, series de policías de pueblitos perdidos, de policías que recogen evidencias, de policías del pasado y del futuro también. Y según el show Almost Human, que va de policías futuristas con compañeros androides, uno de los grandes problemas con el crimen del futuro son las dark nets y los bitcoins.

"Man, en el futuro no hay que temer de los robots asesinos, sólo de la criptografía en poder de la gente y de las redes no vigiladas por la NSA"

“Man, en el futuro no hay que preocuparse por los robots revelándose contra la humanidad y de que todos tengan un chip implantado en el orto, sólo hay que temer a la criptografía en poder de la gente y de las redes no vigiladas por la NSA”

En más de un capítulo de esta serie que ya lleva una temporada completa, una situación recurrente es cuando buscan si los sospechosos poseen bitcoins guardados en algún lado, casi insinuando de que son un aval más de que el tipo no andaba en nada bueno. Pero en el episodio Simon Says directamente pisan a fondo con la aplanadora de mentes y muestran uno de los mayores cucos posibles: Un hacker que coloca collares explosivos en quienes lo rechazaron de alguna forma y, via múltiples microcámaras disimuladas, los humilla hasta que finalmente los mata, todo para vengarse y además obtener el dinero y la aprobación de su público seguidor que, para no ser rastreados, miran las transmisiones en vivo de los asesinatos a través de, adivinen, dark nets, y le pagan, adivinen otra vez, con bitcoins. Si querían asociar a los hackers y en especial a la palabra bitcoin con la peor imagen posible no creo que hubieran podido hacerlo mejor.

Pero la ficción no alcanza para desacreditar algo, hacen falta acciones reales. Así que tirémosles del escroto a un par de países y organismos obedientes para que salgan a decir que es muy peligroso o que directamente prohíban todo tipo de transacción con esta sucia moneda. Pero vamos por más, una vez que tengamos bien metido en el imaginario de la gente la idea bitcoin = ilegalidad busquemos meter en cana a uno de sus mayores exponentes por un delito tan resonante como el de lavado, y contratemos a un badass-blackhat-hacker que se afane todas las billeteras de un referente mundial del bitcoin como MtGox. Hasta podemos tirarle un puntita Apple, que siempre le gustó que el gobierno se la meta (la puntita), y que prohíban en su tienda las billeteras de bitcoins, porque sí, que es su argumento favorito bajo el que prohíben todo lo demás.

Pero no paremos ahí. Demostremos que vamos tan en serio con esto, que nos sentimos tan tocados en el fondo del ogt, que vamos a intentar sacarle toda paz, o al menos que lleguen a temer de que lo logremos, a su anónimo creador o creadores. ¿Que el bitcoin lo creó supuestamente un tal Satoshi Nakamoto? Entonces busquemos al primer ponja que se llame así y preferentemente habite la tierra de la libertad para acosarlo con periodistas, locos, y eventualmente inventarle algún cargo para hacerle tocar el pianito. Que, sean quienes sean los verdaderos creadores, sepan que no los vamos a perdonar ni un poquito, y que tengan miedo, mucho miedo.

¿Ven que el bitcoin sirve para algo bueno? Sirve para ver como nos tienen a todos agarrados de las esferas del dragón.


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