La Singularidad, arruinada por el dinero

Gabolonte Blasfemus

Siempre me vi interesado en la idea de estilo ciberpunk que definen con el término Singularidad y se hizo bastante conocida por estos años en medio de alabanzas a Ray Kurzweil, un de sus más acérrimos promotores. Pero, ya desde mi no tan tierna adolescencia donde leía ejemplares de la revista Muy Interesante prometiendo que los avances tecnológicos y científicos barrerían del seno de la humanidad la enfermedad, la vejez y hasta incluso la muerte en un futuro, había algo que me quedaba picando. Y eso era que en el presente ya existen avances, y estos no son para todos. De hecho los más disruptivos son sólo alcanzables por una reducida elite. Entonces, la pregunta ya no es si en un futuro podremos vivir para siempre como seres digitales, sino a cuántos se les permitirá la posibilidad de conseguirlo.

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, me encuentro con este video creado por un genio llamado Tom Scott que refleja un futuro muy plausible cuando ya sea posible vivir en las redes. Se titula Welcome to Life: the singularity, ruined by lawyers (Bienvenido a Vida: La singularidad, arruinada por abogados), donde Life (o Vida) vendría a ser un sistema informático capaz de concretar este anhelado sueño de que exista un yo digital de nosotros mismos una vez que hayamos fallecido. Pero eso sí, con algunos detalles (con el botón CC podés elegir los subtítulos en español):

Esta variante de los futuros post-apocalípticos no es nueva de todas formas. Ya se exploraba, y muy bien, en Kaiba, un anime que detrás de sus trazos de apariencia torpe e infantil encierra un argumento capaz de volarte la cabeza en muchos sentidos; hay que tener huevos o tener agua en la sangre para verlo entero. La historia transcurría en un mundo donde era posible cambiar de cuerpo de la misma forma que cambiamos de teléfono móvil, ya que nuestra mente con todos sus recuerdos era grabada en una especie de chip. No sólo existía un mercado (blanco y negro) de cuerpos, sino también de recuerdos; alguien en necesidad podía vender un muy buen recuerdo, que en tal caso no era copiado, sino que lo perdía para siempre. De esta forma la elite disfrutaba de los mejores cuerpos y los mejores recuerdos, mientras el resto sobrevivía con temor a que les roben lo poco que les queda, tanto en cuerpo como en alma.

Pero volviendo al futuro que imaginó Tom Scott, este puede no estar muy lejos. Imaginemos que en algún momento se llegue a poder leer de manera confiable la mente o los recuerdos del cerebro humano. ¿Cuánto apuestan que las discográficas y Hollywood no estarán detrás al acecho para encontrar una forma de drenarnos a causa de que recordemos una melodía o la escena de una película?


Comments are closed.