El poder de unos pocos

Gabolonte Blasfemus

Si tenés cinco minutos, o incluso si no, te pido que te los hagas y leas un texto que, a mi humilde juicio, puede ser uno de los más definitorios de nuestros tiempos. Es una nota escrita por Rick Falkvinge en el sitio TorrentFreak, intitulada The Net vs. The Power of Narratives. Si no tenés demasiados problemas para leer en inglés te recomiendo ampliamente que la leas tal como está; en caso contrario en el sitio del Partido Pirata de Argentina publicaron una traducción completa, aunque como casi siempre, las traducciones suelen no contener al 100% toda la carga de conceptos expresados en el original.

Entre tantos blogs que frecuento discutiendo desde hace casi una década sobre la revolución que significa Internet y la muerte o transformación, injusta o no, de los diarios y otros medios tradicionales, Falkvinge logra llegar al verdadero grano de la cuestión: Todo se resume a quién tiene el poder de la palabra, o para ser más precisos, de su difusión. Contar con la magia de dictar lo que las mayorías opinen y piensen acerca de absolutamente todo debe ser el último sueño húmedo de todo aquel que persigue poder, realizado únicamente por líderes de facto, políticos, religiosos, o dueños de grandes multimedios. Perderlo por ende, les resulta totalmente inaceptable, y eso es lo que propicia el poder de la Internet actual, donde todos pueden llegar casi con el mismo alcance potencial a quien los quiera ver, escuchar, o leer.

Si lo pensamos un poco, esta historia siempre se repite muchas más veces de las que pensamos. No sólo con la llegada de la imprenta como se comenta en dicho artículo, sino cada vez que ocurre un cambio que amenaza con quitarle, o no permitirle acumular, poder a unos pocos. Esos pocos quieren exclusividad, quieren que solo sus palabras sean realidades, o en todo caso, que solo a través de ellos circulen. Puede tratarse de un ecosistema tecnológico cerrado diseñado para que nadie escape de su control, o incluso, paradójicamente, también un conjunto de bloggers con las mismas ansias de poder, de sentirse únicos y especiales. Sea cual sea el caso, en algún punto les va a molestar que también se lo escuche al vecino. Le puede pasar a cualquiera.

Lo importante es mantener, siempre, a esta Internet neutral, abierta, en la que cualquiera puede decir lo que piensa, y si lo que piensa interesa, ser escuchado por millones. Todo el tiempo se están acometiendo nuevos atropellos para borrarla del mapa, y por eso es importante que, en la medida que nos sea posible, no nos callemos. Aprovechemos que hoy tenemos algo mil veces mejor que la imprenta para decir lo que pensamos, sean bobadas superficiales o no.


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