Dudas Existenciales (82): La inutilidad de las videollamadas móviles

Gabolonte Blasfemus

imageAño 2011. Las videollamadas entre celulares son posibles desde hace ya algunos años, siendo anunciadas en su arribo con bombo y platillos casi al mismo tiempo que el boom de la telefonía 3G azotaba a las operadoras. Y aún así, no vemos a nadie utilizándolas en situaciones de la vida real, ¿por qué?

Recuerdo que la única vez que vi en persona a alguien utilizándolas fue en el lugar menos esperado: Un taxista que me llevaba y se comunicaba con la central de su flota por este medio. El teléfono que utilizaba era un Nokia si mal no recuerdo, el típico candybar con pantalla diminuta, montado en un soporte sobre el panel del automóvil y con el audio en manos libres; podía ver y escuchar a quien le hablaba del otro lado, pero con una calidad de imagen pésima.

De todas maneras si pensamos en las contras de utilizar videollamadas casi todos seguramente coincidimos en lo mismo: Con el audio nos alcanza y nos sobra para comunicarnos con otra persona remotamente. El video es, por decirlo de alguna forma, demasiado invasivo; propenso a mostrar mucho más de lo que deseamos o podemos controlar. Aunque hay que diferenciar la videollamada que podemos realizar sentados frente a nuestra computadora de la que nos puede ofrecer un dispositivo móvil: En la primera, realizada normalmente a través de algún software como Windows Live Messenger o Skype entre tantos, dadas las circunstancias tecnológicas (no llevamos la computadora todo el día encendida en nuestro bolsillo esperando llamadas, no siempre tenemos Internet para estar online) cuando entablamos una llamada generalmente se acuerda entre ambas partes previamente por chat, por lo que podemos controlar y decidir cuándo y cómo queremos ser vistos; en cambio en el segundo caso perdemos ese control, de idéntica manera a que no podemos controlar el momento en que recibimos una llamada de teléfono convencional, y donde el único escape es no atender la llamada, lo cual por supuesto nos puede traer varios inconvenientes con nuestros interlocutores.

¿Y por qué eso debería ser un problema? Primero porque a nadie le gusta la sensación de ser controlado: Que los demás puedan tener una buena idea de en dónde nos encontramos y en qué situación con tan solo llamarnos por videófono es algo que de solo imaginarlo crispa los nervios. Y más si estamos justamente mintiendo sobre nuestra ubicación y quehaceres actuales, algo que explícitamente o por omisión realiza todo ser humano que utilice un teléfono sobre este planeta. El ejemplo más inocente y naif de esto es posiblemente el más común: Casi nadie está presentable las 24 horas, y las posibilidades son a favor de que no tengamos ganas de que familiares, amigos, ex parejas y hasta desconocidos nos vean la verdadera facha que tenemos un Domingo a las 12 del mediodía; preferimos dejarlos con la vaga imagen mental que se harán de nuestro aspecto mientras únicamente pueden escuchar nuestra voz. Por supuesto, se puede elegir si se desea o no agregar el canal de video a una llamada, y podríamos atender solo por audio en los casos en que nos moleste ser vistos; pero el problema radica en que, existiendo la posibilidad, lo más probable es que nuestro interlocutor nos indague sobre el por qué de no permitirle que nos vea y automáticamente nos exija que nos mostremos, especialmente si hablamos de jefes, parejas y padres.

Todo este asunto vuelve a las videollamadas móviles una herramienta con una utilidad muy acotada socialmente. De hecho la verdadera utilidad de las mismas está tan en duda en el imaginario colectivo que cuando las operadoras argentinas salieron a publicitarlas lo mejor con lo que pudieron salir fue esto:

Ninguna apelación más o menos racional (no pido racionalidad pura, es publicidad…) a la eficacia o productividad que pueda aportar el servicio, solo apelaciones al chiste fácil y forzado: El concepto del spot se reduce a un par de tetas. También hay otros, como el del padre apicultor que de puro boludo se saca el protector de la cabeza para que el nene lo reconozca y lo pican las abejas. De hecho, analizándolo con un poco de sentido común, en ambos casos se concluye que las videollamadas son algo negativo: Si sos mujer los flacos te pispean el escote, y también te podés distraer y hacer pelotudeces.

De todos formas, aunque realmente quisiéramos darnos el lujo de hablar por videollamada con nuestros contactos, son pocas las chances a favor: Por algún motivo que aún no termino de entender siempre han sido pocos los modelos de teléfonos móviles que incluyen una cámara frontal para videoconferencia, o al menos una rebatible multiuso. Inclusive al día de hoy existen muchos modelos de smartphones de alta gama, con buenas cámaras de fotos y por supuesto 3G, pero que carecen de la necesaria cámara al frente para poder ver y que nos vean en simultáneo. La única solución en estos casos sería realizar la técnica conocida como videollamada flogger, frente a un espejo.

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“Hooolaa pichi…?? No te olvides de effearme!!”

En este sentido si realmente necesitamos una videoconferencia la opción PC a PC sigue siendo la mejor: La cantidad de gente que posee computadoras con webcam supera ampliamente a quienes puedan tener un teléfono que soporte videollamadas, y hasta puede usarse con la versión de Skype para iOS que admite video.

De todas formas, las videollamadas móviles parecen haber reflotado un poco cuando con el cuarto y último iPhone Apple finalmente incorpora una cámara frontal y lanza la aplicación FaceTime para así salir a decir que fueron los inventores de la videollamada, al igual que antes afirmaron lo mismo sobre copiar y pegar, los MMSs o la multitarea. Ahora con el nuevo lanzamiento del iPad 2, que por fin viene con cámara y encima por partida doble, vuelven a machacar con el tema; pero el problema que tiene ya no sorprende a nadie: Sólo funciona entre productos Apple.

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Otros también están tratando de empujar las videollamadas. No tenemos más que mirar la excelente serie Fringe para observar como se promociona al HTC EVO 4G con Android ofrecido por la operadora estadounidense Sprint, la cual provee a través de su red 4G un servicio de videollamada utilizando a Qik.

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Desde ya eso es el primer mundo, y por estos lares tenemos muchos más problemas técnicos y monetarios para la adopción de las videollamadas. Pero la pregunta permanece: ¿Las usarías?


2 Responses to “Dudas Existenciales (82): La inutilidad de las videollamadas móviles”

  • pedro despachó:

    muy buena nota.. es un concepto de comunicación muy diferente el de las videollamadas.. de momento no la usaría para nada.


    Usando Mozilla Firefox Mozilla Firefox 3.6.15 en Windows Windows XP
  • JaNCo despachó:

    Concuerdo con tu punto de vista, en el caso de Colombia los precios de una videollamada las hacen prohibitivas para la gran mayoría.


    Usando Google Chrome Google Chrome 10.0.648.151 en Windows Windows XP