Dudas Existenciales (53)

Gabolonte Blasfemus

image Este es un pensamiento que me ronda desde hace años en realidad, tan arraigado que costaba ponerlo con pinzas bajo el microscopio del examen lógico (si es que esto es realmente posible) para diseccionarlo, y del que, creo, todos tenemos algo para decir, porque es casi tan viejo como la humanidad. Que Windows, que Linux, que Mac OS… que Opera, que Firefox, que Internet Explorer… Si señores, me refiero a los fanatismos en la tecnología. No hablo del consejo o recomendación sesuda del tipo “usá A porque es mejor que B en tal y tal cosa” sino de cosas como “usá A porque es lo mejor del universo, B es una porquería para retardados y A es superior porque X, Y y Z…”, afirmación que, si bien puede tener ciertos niveles de veracidad, choca claramente debido a su mezcla de exageración, agresividad y arrogancia. Pero más que nada, lo que denota es un anclaje emocional de quien lo profiere hacia el objeto que vanagloria, en el caso que nos compete, por supuesto, de índole tecnológica; pero si lo ampliamos más no es difícil razonar que la dicotomía Mac-PC o Windows-Linux no es muy distinta de la de River-Boca o comunismo-capitalismo, salvando las distancias de la trascendencia de cada grupo. De lo que se trata en última instancia es de una identificación del individuo con los valores o principios que inspira o sugiere el elemento en sí, algo que seguramente muchos marketineros podrían explicar mucho mejor que yo y lo llamarían identificación del consumidor con la marca.

image Estas actitudes son bastante comunes en el ámbito tecnológico, en las que muchos terminan enfrascados en arduos flamewars defendiendo hasta lo indefendible de su software o gadget favorito, con el mismo fervor que la fan de algún cantante latino se pone a gritar e injuriar cuando a su ídolo lo acusan de gay; es por eso mismo que se les suele llamar fanboys. Queramos reconocerlo o no, casi todos hemos caído alguna vez en esa actitud, poniéndonos, aunque sea temporalmente, la camiseta de ese soft que nos gusta tanto o de ese equipo que compramos y no nos decepcionó. Y es que, para empezar, a nadie le gusta equivocarse. Si nos ahorramos todo para poder comprarnos el hiperglamoroso iPhone, por más que carezca imperdonablemente de funciones que todo otro celular tiene, seguro que en nuestra mente se minimizará este hecho a favor de todo lo bueno que nos da (y así de paso no sentirnos unos boludos), y trataremos de la forma más despectiva a todos aquellos que nos vengan a decir, muchas veces también desde el fanatismo a otra marca o modelo de móvil, que con el suyo se puede copiar y pegar y con el teléfono de la manzanita no.

imageEl otro factor pasa lisa y llanamente por la necesidad desesperada de pertenencia. Así como muchos adolescentes con una psiquis vulnerable terminan convirtiéndose en emos, floggers y demás grupos sectarios (prefiero llamarles así porque estoy hasta las tarlipes que desde que a los medios se les ocurrió decirles “tribus urbanas” todos usen el dichoso término hasta en la sopa), mucha gente con necesidades afectivas o de aprobación/aceptación insatisfechas (todos) se siente más por hacerse parte de un grupo o movimiento, de sentir que algo los enlaza y une con otros con los que comparte ese elemento unificador. Y en el rubro tecnológico los grupos de pertenencia están a la orden del día, y ahí entra el otro motivo asociado en muchas ocaciones: Figurar. Podemos, si el presupuesto nos da o matándonos de hambre, comprarnos un Mac Book y ser unos AppleBoys/Girls, creídos de que el pertenecer a ese selecto grupo nos hace ser más distinguidos, cool, y sexys, aunque andemos hechos unos crotos y nuestra última charla con una mujer que no sea nuestra madre fue cuando la enfermera nos preguntó si nos daban miedo las jeringas. Sino, podemos ponernos la camiseta del geekismo extremo y limagea de activistas del software libre en una sola pasada, instalando nuestra distro Linux (si no es Ubuntu mejor que está vista como la “distro de la gilada”) favorita en nuestra PC y poniéndonos a hablar maravillas del mismo, mientras en medio de cada alabanza despotricamos contra MS, lo cual es obligatorio para ser del palo y hacerse amigos. No importa si nunca vamos a tocar una línea de ese código libre o si necesitamos ayuda para que nos instalen el Ubuntu en la máquina, incluso desde Windows podemos sentirnos liberados, despotricando contra el mismo y alabando todo aquello que sea open source, y poniendo en nuestro blog de Blogger o WordPress.com el famoso loguito de “Yo soy Libre, y tu?”. También hay nicho para los que quieren llevarle la contra a todos y ponerse del otro lado, defendiendo a los Bill Boys hasta cuando sacaron a Windows Millennium y a Vista y llevando con orgullo el mote de estar en el lado oscuro. Lo importante en todo esto es mantener una línea de coherencia, y estar del lado que elegimos no importa la razón que puedan tener los otros. Conceder se ve como una debilidad, y no sea que le otorguemos con razón un punto a favor al enemigo y nos quedemos sin amigos. Porque nosotros somos los que estamos en lo correcto, los demás son unos giles.

Y no, las cosas no son así, y por más obvio que esto sea para la mayoría es difícil asimilarlo, porque son cosas que corren por vías inconscientes y emotivas. Usar Opera no nos hacer ser los capos de la web como seguramente lo sean los ingenieros que lo hacen, ponernos Firefox con 20 extensiones no nos convierte en paladines de una web imageabierta ni nos hace ser mejores personas. Y no, usar Linux no nos hace ser mucho más libres que la mera libertad de instalar este SO donde se nos cante y de modificar su código si sabemos lo que hacemos… fuera de eso somos tan esclavos como el resto, y en cosas mucho más significativas. Es algo que habría que tener presente más a menudo antes de entrar en charlas estériles cada vez que alguien invadido por el virus del fanatismo prende la mechita del trolling.

Yo por mi parte voy a tratar de tenerlo aún más presente todavía, porque muchas veces, aunque no vivamos con la camiseta de algo puesta, nos terminamos poniendo una que ni siquiera nos interesa usar sólo por reacción, cuando otro que come, caga y duerme con la suya puesta aparece y nos viene a tildar de algo desde su visión en blanco y negro. Y es que la estupidez humana es como la gripe: Todos la contraemos cada tanto porque es terriblemente contagiosa y se la pasa cambiando de aspecto para disimular.


2 Responses to “Dudas Existenciales (53)”

  • Adrian despachó:

    Mejor explicado imposible. -_-


    Usando Opera Opera 9.63 en Windows Windows XP
  • Guillermo despachó:

    Altísimo post.

    Muchas veces nos vemos con camisetas puestas, ajenas, en todo lugar y momento, cuando no somos ni más ni menos que felices boludos que pagamos por algo.

    Esto pasa en todo ámbito, informática, autos, ropa, creo que etiquetarse es un rasgo totalmente humano, tonto, pero humano al fin y al cabo.


    Usando Internet Explorer Internet Explorer 7.0 en Windows Windows XP