Suelo ser un muy selectivo consumidor de animación japonesa, y algo que veo que muchas veces es ingrediente de un buen manga o anime es esa dosis épica que le suelen dar a las historias, si éstas lo ameritan claro. En lo que estaba pensando, particularmente, es en esas historias donde el protagonista comienza desde un punto de partida de su vida en cierta profesión/carrera/ocupación/lo-que-sea-que-sea-el-centro-de-la-historia, donde, a medida que va avanzando va mejorando y enfrentando nuevos retos cada vez más difíciles. Un buen ejemplo de esto es Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco), donde el protagonista, Seiya, recorre un largo trecho desde ser un pobre huérfano hasta convertirse en uno de los Santos (Caballeros en el doblaje español, para evitar controversias con lo que el cristianismo entiende por ese término) más poderosos de la diosa Atena. Algo común que en este tipo de argumentos sucede es que, en el principio, la percepción de la realidad que atañe al universo específico del personaje principal es muy limitada. Por ejemplo, cuando recién comenzaba la historia de Seiya, éste creía que había llegado a lo máximo de su vida, ser un caballero, con poderes impensables para un ser humano normal, y una armadura (Cloth en la historia original) que lo hacía prácticamente invulnerable a todo. Pasa un tiempo hasta que descubre que había llegado no al final, sino más bien al comienzo de su jornada, ya que el grado de caballero que tanto esfuerzo y sacrificio le costó conseguir, era ni más ni menos que el peldaño más bajo dentro de la jerarquía del Santuario. Repentinamente, un mágico velo argumental se corre, el árbol que impedía ver el bosque desaparece, y Seiya descubre que él tan sólo era un caballero de bronce (el material del que también era su armadura, de ahí el nombre), y que el destino lo iba a llevar a enfrentarse con los inmensamente más poderosos caballeros de plata; y más tarde, cuando ya diera por hecho que estos constituían el techo al cual llegar y se hubiese acostumbrado a lidiar con ellos, debería verse con los terribles caballeros dorados, cada uno con habilidades exponencialmente superiores comparados con los anteriores.
Pensaba en esto y lo comparaba con el camino elegido por muchos de nosotros, dentro de la carrera o profesión que elegimos, observando que muchas veces nos pasa lo mismo. Hay un momento muy temprano y muy naif en el que creemos haber llegado a algo parecido a la cima: Nos recibimos con las mejores notas, estamos en los mejores proyectos… somos los más vivos de la cuadra. Más tarde, cuando nos toca movernos para progresar y seguir avanzando, nos damos cuenta que esto no era así; para nuestra sorpresa nos encontramos con varios rivales de habilidades similares o ligeramente superiores
a las nuestras, y comenzamos a ver a los primeros caballeros de plata, esos exponentes inalcanzables, referentes que esperamos con suerte alguna vez seguirles el paso y ser más siquiera parecidos a ellos. Pero para cuando estamos logrando esto, comenzamos a conocer primero a uno, y luego a varios caballeros dorados que andan por ahí, de los que con sólo saber que existen y lo que pueden realizar nos hacen volver a la Tierra y darnos cuenta donde realmente nos encontramos; y cuánto nos falta por recorrer en el camino que elegimos, con la patente posibilidad de no poder llegar a recorrerlo todo debido a nuestras cambiantes capacidades/intereses/voluntades/circunstancias. El otro día pensaba en esto mientras me acordaba de un flaco que fue colega mío, el cual en ese momento parecía Dios por las cosas que sacaba de la galera.
Un pensamiento de un humilde, y desilusionado en su momento, caballero de bronce, que continúa en su camino y alguna vez llegó a sentirse a la par de algún que otro caballero de plata, pero que luego descubrió que también habían caballeros de oro, de platino, y de un largo etcétera…
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1 comentario
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2/Septiembre/2008 a las 6:47
Marcos
Usando
Mozilla Firefox 3.0.1 en
Windows XP
Qué reflexión tan interesante. Es bueno tener siempre los pies en la tierra, y como dices saber que hay mucho más a lo que podemos aspirar, siempre.
Tengo que digerirlo un poco, pero muchas gracias por hacerme pensar.